La vida de los adultos, de nuestros padres, nos ha encerrado en una burbuja llena de reglas absurdas, de normas "de mayores", de trivialidades sin sentido, que nos han limitado en nuestra expresión plena. No hemos podido decir -en casos, un "gritar" necesario-, que queremos desarrollarnos conforme a quienes somos verdaderamente. No hemos dicho, en ningún momento: -Aquí estoy yo, en toda mi extensión. Yo decido, yo hago, yo siento, yo me muevo y "acciono" mi ser, para lograr plenitud. Ese "yo" infantil, adolescente posterior, es necesario expresarlo. Son etapas de confirmación del ego o del yo más "animal" y más básico.
Los que hemos tenido una creatividad temprana, sentíamos interés y hasta avidez por expresar nuestras aptitudes: dibujo, lectura, baile, disfraz, etc. Es decir, casi "todo" lo que en una familia "normal" no se le presta ningún caso. Casi "todo" lo que en la escuela se deja de lado porque no es "valorable" ni "cuantificable"; porque no compete para el "desarrollo" infantil "normal" (no será más bien, "subdesarrollo?).
He aquí el gran éxito/fracaso de la enseñanza normativa actual y pasada. La familia, la escuela y las normas sociales; lo que hay que aprender "por cojones" y todo lo demás son veleidades estúpidas que, o hay que cortar/anular, o no tomarlas en cuenta.
Dentro de este cuadrante de estupidez máxima, dentro de este cuadrante "tóxico" anquilosado, es a donde nos fuerzan a vivir y a "expresarnos". ¿Y qué sucede? Algo trágico: la personalidad queda cercenada, castrada y "no resuelta". A futuro, ¿qué más sucede? Pues que seremos carne de psiquiatra, de médicos generalistas a perpetuidad y considerados fracasados de por vida. Tales son las consecuencias de no haber podido liberar nuestra verdadera creatividad, la esencia de nosotros mismos, que quedó enmascarada por el nivel de consciencia primario de la sociedad/familia en la que crecimos.
¿Y qué siguió? Queda el título de esta entrada: una neurosis profunda. Una neurosis que no podemos desenmarañar por la falta de herramientas mentales/conscienciales que tuvimos latentes pero ampliamente castradas durante la infancia.
La tarea que nos incumbe y que nos urge es darnos cuenta del "fallo" que hubo. Si lo "vemos"- mejor dicho, si lo logramos ver-, podemos hacer el acto sagrado de "recapitular" esas experiencias y reconducir nuestra consciencia a nuestro estado de "ser" perenne: apropiarnos con todas las consecuencias, de nuestra esencia; y por más heterodoxa que nos parezca. La cosa es no ponernos ya más pretextos ni cortapisas; no más excusas: aquello "pasó" y "hoy" voy a cambiarlo.
No perderse detalle, quiero entenderlo todo...Tengo lagunas severas, me falta comprensión, debo abarcarlo todo. Frases y expresiones angustiosas del niño "cortado" y no comprendido.
Debo ser como ellos; mi comportamiento no está "reglado"; soy un tipo extraño; debo comportarme como los que me mandan...Se acabó! Directos al cubo de la basura. Todos...
Surjo de mis cenizas. Ya no me es necesario entenderlo todo y puedo perderme todos los detalles, porque mi comprensión es ABSOLUTA.
Esencia creadora "encerrada" en cuadrante normativo...


