miércoles

El ´Camino`se abre...



Las experiencias son para traspasarlas; entenderlas, cruzar su límite y comprender que deben ser trascendidas. Si no nos damos cuenta de ello (el famoso y sagrado "darse cuenta" de Fritz Perls; nunca me cansaré de recomendar su libro Dentro y fuera del tarro de la basura, al que dediqué un comentario hace tiempo), estaremos alegremente condenados a repetirlas casi compulsivamente.
 Lo normal es eso: la repetición; entonces, estamos precisamente en el mundo de los ´normales`. Seguimos viciados y atrapados por las costumbres y las normas y manuales "del buen hacer" que nos impone la familia y la sociedad. No nos salimos del "buen camino", que apenas entendemos que ha sido trazado por otros, para nosotros. Así nos mantenemos sine die dentro de lo "correcto" hasta el fin de nuestros días -si no es que un súbito incremento de consciencia nos hace salir de este camino común, labrado a fuego por los hacedores de la normalidad-.
 Acabar con una experiencia que sabemos terminada no es fácil. Lo más difícil es abrirse paso y salir del camino trazado, pues éste nos ha sido conculcado ancestralmente, y lo respalda todo un sistema de energía muy poderosa detrás. La fuerza energética de este influjo se lo da su antigüedad, precisamente. Cuanto más viejos sean los postulados sociales y sus normas, más difícil nos será quebrarlos; romperlos.
 Luchamos contra un sistema arcaico benignamente venenoso. La norma impuesta y aceptada ha cobrado poder y nos limita y somete. Lo viejo tiene peso, lo nuevo apenas lo va creando...

"El camino se abre". Esta frase me la dijo un antiguo monje budista inglés, hace muchos años, cuando yo mismo fui "sometido" por un modelo normativo y religioso que me venció. Ante mi ansiedad y duda creciente, agradecí aquella frase que, de alguna manera, me dio cierta luz para abandonar un sistema que me impusieron a base de chantajes emocionales una serie de personajes que manejaban un culto/secta a su antojo, apropiándose de un sistema de creencias que les quedaba muy lejano pero que les favorecía para atraerse acólitos y "fieles" que, en la mayoría de los casos eran personas muy vulnerables; quizá como yo mismo por aquel entonces. Yo tuve la suerte y la consciencia de cambiar de rumbo, de dejar aquel sistema tóxico/normativo y buscar aires nuevos. Muchos otros no pudieron dar ese paso.
 ...Y vendrán falsos gurús y falsos profetas...Es un poco eso. Lo negativo no es la creencia, sea cual sea, sino aquellos que se erigen en líderes de algo que desconocen profundamente pero que lo utilizan por y para su beneficio, menospreciando o ignorando el daño -que suponen ´colateral`- que producen a otros.

 La persona más digna de reverencia es uno mismo; la compasión tenemos que prestarla, antes que nada, hacia nosotros mismos. Una vez nos hemos entendido y aceptado, podremos extendernos hacia los demás. Sólo siendo enteros por nosotros mismos podemos dar algún servicio a otros. 
 Es un camino arduo el que nos espera a cada momento. El sabernos completos va a ser casi imposible pero, por lo menos, hay que empezar el trabajo. Y empezamos siempre por nosotros mismos, pues somos las primeras víctimas irresueltas de un sistema viciado y lleno de errores. 
 Lo fácil es aleccionar a otros, dentro de este sistema vacío, y entregarnos a la vanidad y el reconocimiento que este mismo sistema nos da (finalmente, entendemos que no nos da nada gratis; siempre pide un precio muy elevado: los pactos en sus diversas formas y nombres). 
 El camino propio se abre si empezamos el trabajo. Y luego, entendemos lo caminado, por absurdo pero también por necesario...El camino propio implica sufrimiento; el sufrimiento del cambio. Vale la pena para dejar de ser rebaño.


 


templanza y referentes...

La mayoría de nosotros hemos llegado a este mundo sin auténticos ´referentes` que nos enseñen y nos acompañen en el Camino. Algunos afortunados sí los han tenido, pero son una minoría.
Desesperanzados, incomprendidos, hundidos -a veces- , añoramos "algo" que sentimos que no hemos tenido o que nos han arrebatado. A consecuencia de esto, luchamos contra gigantes ("lucha de gigantes", que cantaba Antonio Vega), hasta que, por un azar o alguna situación no buscada expresamente, "despertamos" y nos "damos cuenta" de quienes somos; nos abrimos a nuestro Ser y dejamos de culpar a los demás por todo lo que nos ha sucedido. Entonces, sabemos claramente que nadie ha sido el catalizador de nuestras angustias y daños sino, más bien, nos damos cuenta de que hemos sido nosotros mismos. El cambio que trae esta toma de consciencia, al hacernos adultos de golpe, nos trae la certeza de que aquellos a los que hemos culpado desde siempre (familiares "incluidísimos", por descontado) no tenían ni tienen la entidad ni la capacidad de dañarnos. Si bien lo han podido hacer -digamos- física y/o emocionalmente, esto ha sido fruto del "equipaje" que llevamos al nacer.
Me viene a la memoria, hablando de nacimientos, lo que me dijo una compañera una vez: nosotros no hemos pedido nacer en este tiempo y circunstancia... Quizá seamos invitados forzosos -y forzados- a devenir en este mundo. No lo sé; pero su frase me hizo pensar bastante.
 Acudo a lo que dice el monje A.S.B. (al que conocí en Tailandia y que siento un referente enorme en mi propio proceso de vida actual):
"El drama de nuestra infancia necesita reconciliación (...) Llegamos a la "escena" llenos de errores que necesitan ser rectificados. Si pudiéramos comprender la razón de nuestro nacimiento, aquí y ahora, comprenderíamos que hemos llegado con una mochila llena con nuestro karma previo, y ya -como por defecto- "desintonizados" con la naturaleza (...) Hemos sido, hasta este momento, fundamentalmente una "creatura" llena de errores previos.(...) Por eso -continua-, tenemos mucho que hacer, mucho que perdonar, mucho que reconocer...

¿Y cómo empezamos a trabajar? Perdonando. Esta es la clave. Siento que es a través del necesario perdón hacia nosotros mismos, por el que todo lo demás se puede conseguir sin proponérnoslo. El perdón "cataliza" todas las fuerzas de nuestra psique (todos los méritos y capacidades escondidos) y logra -poco a poco- el equilibrio emocional que buscamos.
El ganar respeto, compasión y perdón hacia nosotros mismos nos modifica totalmente el prisma negativo del que hablaba al principio. Llegamos dañados al mundo -como dije- y podemos cambiar nuestra historia personal hacia cierto equilibrio, si reconocemos todo lo que no hemos hecho al respecto; es decir, entender que somos los únicos responsables de lo que nos ha sucedido. Es muy duro reconocerlo, lo sé; yo mismo intento aplicarme en ello diariamente. A veces consigo cierto equilibrio, otras veces, me vuelve a vencer el resentimiento y siento que fracaso. Lo decisivo siento que es saber que estamos en el camino de la transformación personal; en el camino de la mutación, que representa un cambio mucho más radical y decisivo.
Actuando de este manera nos vamos "templando" como una espada de acero. La vida nos "curte", seguramente. Nos quedarán las cicatrices que nadie podrá quitar. Serán las muescas que nos recordarán el fragor de las batallas.
Nos hacemos a nosotros mismos, pues no hemos tenido ayudas exteriores en el momento decisivo y vital en el cual las hubiéramos agradecido, esto es, es nuestra infancia. No hemos tenido mentores ni tutores emocionalmente preparados, pero hemos sobrevivido. Recordamos que no hay culpables y que somos guerreros auténticos. Siento que bien vale la pena celebrarlo...