lunes

El "censor" que llevamos dentro...


La norma social y la censura que nos auto-infligimos nos dominan la vida. Sólo a través de una toma de consciencia oportuna podemos salvar este escollo.
Las tomas de consciencia no las podemos preparar, desafortunadamente; llegan a su manera y sin aviso. Esto es buena noticia porque, si nos asalta la toma de consciencia es señal de que estamos cambiando, de que estamos haciendo un buen trabajo, aunque a veces, sea un trabajo en un "segundo plano", o sea, nada visible superficialmente.
Lo cotidiano nos arrastra y nos domina y actuamos como borregos sin pensar en lo que estamos haciendo. Actuamos por inercia, y esto es muy triste. La paradoja de este "actuar" es que tampoco percibimos que vamos remando con la corriente que se nos marca. Nos abandonamos sin saberlo al movimiento normativo cotidiano, que está marcado por lo que ya sabemos: la familia, el empleo que tengamos, las parejas respectivas, los hijos, las conveniencias sociales, etc. Somos arrastrados por ese marasmo trivial y ni cuenta nos damos que se nos va la vida, literalmente
Actuando de este modo, tampoco concebim
os el tiempo que transcurre en su "esencia", puramente. No tenemos concepto ni consciencia de "tiempo que transcurre". No podemos ver el tiempo desde "afuera"; no concebimos el tiempo como una unidad que está afuera de nosotros mismos. 

Somos un individuo arrastrado por lo cotidiano, que muchas veces es insulso y repetitivo, pero que lo aceptamos como es. No somos conscientes del vacío existencial que nos lleva. Vivimos diariamente sin observar lo que estamos "viviendo".
En este deambular cotidiano es donde actúa la figura del "censor": un idea social modelada para que reprimamos toda la posible creatividad de que disponemos, pero que está latente, sin función.
Podemos decir que la corriente cotidiana de nuestra vida lleva un censor propio que nos hemos fabricado nosotros mismos, con el objetivo de que no nos permita salirnos del autocontrol social normativo.

Quién aplaude a este censor? La familia, la sociedad y los individuos "conformados".
Si bien es cierto que el censor nos lo hemos fabricado nosotros, de manera indirecta nos lo han transmitido estos tres agentes mencionados antes.
La familia, los ancestros (una vez más los ancestros "queridos") son la clave y el tótem al que debemos nuestro comportamiento acorde a su norma marcada y a los que "ofrecemos" en sacrificio nuestra autocensura (auto/castración, se podría decir también). De este modo nos pueden contemplar ellos (los vivos y también los muertos) como elementos "dignos" de pertenencia al clan. 
Se decía antiguamente si uno era devoto y temeroso de Dios, pues de igual manera se podría decir: ¿Eres respetuoso con el clan y te "autocensuras" (auto/reprimes) a cada momento de *debilidad mental?...

*(la "debilidad" mental la entiendo en este contexto, como espoleta o alarma que le indica a uno que necesita y/o puede salirse de la norma establecida. El resultado de ello será, casi seguro, la represión, la censura de su "frivolidad". Las consecuencias, a la corta y a la larga, de la censura constante de esas "debilidades" pueden resultar en malestares emocionales y físicos, lógicamente).

Así tenemos a este censor incorporado en nuestra vida, en nuestro "disco duro". Y así actuamos, sin pensar en cambiar, sin pensar ni remotamente en "mutar". Así vivimos conformes y auto/conformes con el rol que nos han marcado y que aceptamos como "normal". 
 Gracias al trabajo interior de autodescubrimiento (el que sea que emprendamos) nos podremos dar cuenta de esa rémora que llevamos pegada. El "darse cuenta" de esto surgirá -como decía antes- de manera espontánea. Aparecerá un "darnos cuenta" mágico que nos llevará a un "unlock", a un desbloqueo de nuestra condición gregaria y sumisa. Será un auténtico despertar emocional, pero sólo será el comienzo del trabajo. Quedará mucho por recorrer, abrazaremos el tiempo de manera natural -porque lo veremos por primera vez como algo exterior a nuestra disposición-, y nos sentiremos absolutamente libres para la actuación diaria, y como seres "autónomos" y libres. El censor que nos acompañaba siempre, se habrá desintegrado de manera natural. El precio a pagar -eso sí- será muy caro: es muy probable que empecemos a despedirnos de los "factores" que nos han dominado la vida: la familia (o parte de ella), el trabajo que hacíamos (si podemos permitirnos ese cambio), algunos - o quizá todos- amigos, las tediosas y repetitivas costumbres sociales, etc. 
Lo siento, este es el precio. Creo que lo podemos pagar gustosos si ello significa vivir en libertad y de manera autónoma. 
Como decía alguien que no recuerdo: si actuamos así, de manera libre, los *muertos también nos lo agradecerán...


*muertos. me refiero a los muertos de nuestra familia, de nuestro árbol genealógico. De alguna manera, aunque estuvieron también sometidos a su censor particular, son dignos de verse liberados. De manera "mágica" les aseguro que se liberan (en otro momento, quizá, lo explique más claramente, ya que hablar de los "muertos" de nuestro clan familiar, requiere un capítulo a parte y un trabajo emocional y físico por parte de cada uno).

Saravá!