Nos tenemos que prestar atención absoluta y no dar nada por sentado ni asentido. No quiero decir con esta frase, que tengamos que estar constantemente alerta, pero casi...
Estar "alerta" podría formar parte del entrenamiento militar -así me lo dijo, de primera mano, mi amigo el General J.C.A.-, y también del entrenamiento espiritual que se lleve a cabo. Quizá, el constante mantenerse alerta, podría asemejarse al concepto shamánico del arte del acecho (para ampliar este tema les remitiría a las obras de Carlos Castaneda, Las Enseñanzas de Don Juan).
Es interesante que, en nuestras relaciones no demos nada por sentado. Si ampliamos nuestra capacidad a intentar prestar atención absoluta a todo nuestro alrededor, a todas las interacciones en las que participamos, se nos "abrirá la consciencia" poco a poco. No es un trabajo fácil, pero es de capital importancia que lo "intentemos" (una vez más, remito al trabajo de Castaneda, en sus Enseñanzas de Don Juan, acerca del concepto del "intento").
También comenta, en un sentido muy parecido, el prestarnos atención absoluta, el monje Ajahn Sumano en , por lo menos, dos de sus libros publicados, y en diversos pasajes de los mismos.
Dos campos de conocimiento sólo aparentemente distantes: shamanismo mexicano y budismo theravada. Los dos nos dan una clave central de comportamiento personal: la atención plena.
Cualquier comportamiento relacional que nos parezca trivial o banal, y que esté dentro de nuestra vida de cada día (profesional, familiar, emocional, laboral, etc), si logramos aplicar esta facultad de retentiva -o atentiva- en ellos, lograremos ver unos matices que, hasta este momento, siempre nos pasaron inadvertidos; y es que lo cotidiano nos ciega y nos acomoda a tal grado que no logramos "ver" lo que realmente se esconde detrás de esas conductas que atendemos como "normales".
Deberíamos fijarnos bien en cada "instantánea" o en cada "fotograma mental" que aparezca en cualquier instante de nuestra comunicación con los demás. Cualquier gesto, cualquier ademán, cualquier mirada, cualquier cambio de postura repentina, incluso cualquier cambio de tonalidad en la voz...A todo este "teatro" será aplicable nuestra atención plena. Debemos mantenerla sin forzarnos en absoluto, simplemente dejándonos llevar por esa concentración suave; de otro modo, el forzarnos sería contraproducente y no lograríamos más que ofuscarnos y gastar energía. No es un trabajo sencillo, pero si nos aplicamos a él, lograremos de manera paulatina ese "cambio" que nos llevará a poder observar detalles y matices nuevos que antes ignorábamos. Nos daremos posible cuenta de que, ante la reacción "normal" de la persona con la que estemos interactuando, hay dos o más reacciones veladas -que están atrás- y que esta persona no declara pero sí que guarda en sí misma; es decir, que quizá esté reaccionando de manera falsa -o no auténtica, no sincera-, y esconda el que sea su
verdadero sentir, su verdadero pensar...Por todo esto debemos estar permanentemente alerta.
Nuestro adiestramiento en este arte es importante para no crearnos expectativas falsas y poder contemplar todo lo que se esconde; todo lo no dicho, todo lo que es "verdadero" y que no se nos dice a las claras.
No tenemos que tomar toda esta información que se nos esconde como negativa o positiva, sino como algo que no se manifiesta en este momento, pero que es probable que suceda, y muy a contrario e lo que se nos ha dicho verbalmente. En este sentido, no nos llevaremos sorpresas ni nos alteraremos demasiado por posibles decepciones o cambios de rumbo que sucedan; sería un poco como curarnos en salud por lo que pueda pasar.
Toda esta estrategia no se consigue de hoy para mañana; se requiere constancia, voluntad y entrenamiento; pero vale la pena. Nuestra vida se enriquece al abarcar posibilidades que otros no ven ni cuestionan, pero nosotros sí. Por eso jugaremos con ventaja. No se trata de ser esquivos ni fríos, al contrario; en el ejercicio propuesto se alcanzan grados de compasión y tolerancia que surgen casi por sí solos. Se es más tolerante con uno mismo, más dúctil y menos rígido, y así más comprensivo con los demás. No se trata de tener un grado más que otros, sino de comprender la vida con más "campo", con más abertura. Al final, es el crecimiento personal, el cambio buscado y la mutación psicológica -y hasta espiritual- que puede producirse; y eso es personal, no nos lo puede enseñar nadie; sólo contamos con nosotros mismos...