jueves

La neurosis de "no perderse detalle"...o la obsesión por entenderlo "todo".

Hay que revisar la infancia propia, para entender este fenómeno. Las atenciones infantiles, los placeres y los juegos. ¿Hemos tenido verdaderamente acceso libre, sin restricciones, a poder "crearnos" en la etapa infantil?...
La vida de los adultos, de nuestros padres, nos ha encerrado en una burbuja llena de reglas absurdas, de normas "de mayores", de trivialidades sin sentido, que nos han limitado en nuestra expresión plena. No hemos podido decir -en casos, un "gritar" necesario-, que queremos desarrollarnos conforme a quienes somos verdaderamente. No hemos dicho, en ningún momento: -Aquí estoy yo, en toda mi extensión. Yo decido, yo hago, yo siento, yo me muevo y "acciono" mi ser, para lograr plenitud. Ese "yo" infantil, adolescente posterior, es necesario expresarlo. Son etapas de confirmación del ego o del yo más "animal" y más básico. 
Los que hemos tenido una creatividad temprana, sentíamos interés y hasta avidez por expresar nuestras aptitudes: dibujo, lectura, baile, disfraz, etc. Es decir, casi "todo" lo que en una familia "normal" no se le presta ningún caso. Casi "todo" lo que en la escuela se deja de lado porque no es "valorable" ni "cuantificable"; porque no compete para el "desarrollo" infantil "normal" (no será más bien, "subdesarrollo?). 
He aquí el gran éxito/fracaso de la enseñanza normativa actual y pasada. La familia, la escuela y las normas sociales; lo que hay que aprender "por cojones" y todo lo demás son veleidades estúpidas que, o hay que cortar/anular, o no tomarlas en cuenta. 
Dentro de este cuadrante de estupidez máxima, dentro de este cuadrante "tóxico" anquilosado, es a donde nos fuerzan a vivir y a "expresarnos". ¿Y qué sucede? Algo trágico: la personalidad queda cercenada, castrada y "no resuelta". A futuro, ¿qué más sucede? Pues que seremos carne de psiquiatra, de médicos generalistas a perpetuidad y considerados fracasados de por vida. Tales son las consecuencias de no haber podido liberar nuestra verdadera creatividad, la esencia de nosotros mismos, que quedó enmascarada por el nivel de consciencia primario de la sociedad/familia en la que crecimos. 
¿Y qué siguió? Queda el título de esta entrada: una neurosis profunda. Una neurosis que no podemos desenmarañar por la falta de herramientas mentales/conscienciales que tuvimos latentes pero ampliamente castradas durante la infancia. 
La tarea que nos incumbe y que nos urge es darnos cuenta del "fallo" que hubo. Si lo "vemos"- mejor dicho, si lo logramos ver-, podemos hacer el acto sagrado de "recapitular" esas experiencias y reconducir nuestra consciencia a nuestro estado de "ser" perenne: apropiarnos con todas las consecuencias, de nuestra esencia; y por más heterodoxa que nos parezca.  La cosa es no ponernos ya más pretextos ni cortapisas; no más excusas: aquello "pasó" y "hoy" voy a cambiarlo.
 No perderse detalle, quiero entenderlo todo...Tengo lagunas severas, me falta comprensión, debo abarcarlo todo. Frases y expresiones angustiosas del niño "cortado" y no comprendido.
Debo ser como ellos; mi comportamiento no está "reglado"; soy un tipo extraño; debo comportarme como los que me mandan...Se acabó! Directos al cubo de la basura. Todos...
Surjo de mis cenizas. Ya no me es necesario entenderlo todo y puedo perderme todos los detalles, porque mi comprensión es ABSOLUTA. 
                                                 
Esencia creadora "encerrada" en cuadrante normativo...


lunes

El miedo a "tener miedo"...

El miedo a tener miedo. El círculo cerrado sobre uno mismo.

¿Por qué se tiene miedo al miedo? La vital zona de seguridad de la personalidad (falsa).
Se le teme a romper las barreras que nos encierran en un falso círculo donde creemos que nos desenvolvemos con "total seguridad".
¿Quién nos metió en este círculo? Nosotros mismos por medio de la "norma exterior". ¿Y qué es la norma exterior? La conformidad con la vida diaria de los muchos, los que tienen un nivel de consciencia standard que no toleran -porque les temen- a los que logran "salir" de ese círculo normativo imperante.
La "impronta" normativa que nos meten es una marca de fuego. El trabajo de vida es salirse de este círculo. Por eso le tenemos miedo al miedo. Si nos salimos del círculo (normativo, trivial, cotidiano, reglamentado, "castrador") tememos morir. Así es de crítica y fija la "marca" que nos imprimen.
El miedo al miedo, es el miedo a "vivir". Es así de simple y de complicado. Es el miedo a quebrar todo lo antiguo, todas las etiquetas que nos han colocado y que conforman nuestra personalidad cotidiana. La vida conformada -y dedicada- a los demás para parecer -ante ellos- que somos "correctos"...Y esta "correctud" nos limita y nos va "matando" lentamente.
Por eso tenemos ese miedo a tener miedo. Miedo a ser nosotros mismos, en puridad y en esencia.
Solución: muchas, pero no son fáciles. El primer paso es "darse cuenta" de la farsa que vivimos. Seguidamente, tomar "una buena cuerda" (o técnica de ayuda), para luego "soltarnos". Sólo así veremos nuestra vida "antigua", en "perspectiva". Así empezaremos a perderle miedo al miedo. Y seremos libres; y muy a pesar de los demás...
Aprendamos a soltar al "monstruo" que llevamos dentro. Somos nosotros mismos...Buen viaje.





jueves

El "no hacer" en medio de los "hacedores"...

 - Tú no perteneces a esta estructura normal. ¿Por qué te agobias, entonces? 

Limítate a la grandeza de ver pasar la vida...¿Hay gozo más sublime que éste?

La misión de cada uno debería ser dejar pasar y dejar hacer. 

Se puede "estar", perfectamente, en medio de esta vida estructurada, que obedece sólo al propósito de perdurar en una cadena -clan de vida- que sirve sólo para eso: la perpetuación normal de la actividad social. 

Estos "seres sociales" sirven sólo a tal propósito, a nada más. En esta fijación activa se centra y discurre toda su vida. Por eso no se plantean problemas metafísicos ni existenciales; no los necesitan. Tampoco los contemplan, porque están fuera de su alcance consciente. Estos seres pueden sufrir pero siempre lo harán con respecto a sufrimientos "sociales" y bien establecidos. Por tanto, vamos a dejarlos hacer su labor (laissez faire), que no necesitan nada más. 

Si uno es consciente de que está fuera de este "espectro" (el espectro de la Consciencia, que diría Ken Wilber), se "cura" y se salva. No es fácil, pero, llegar a este punto de consciencia. 

Regocijémonos de las virtudes de los humanos -como se reza en el Budismo Tibetano-. Los seres "sociales" también poseen virtudes. 

Hasta que no "arreglemos" -o constelemos, que viene a ser lo mismo-, nuestra propia realidad, no sanaremos.

Reconozco que soy un "no hacedor", debería ser la premisa para el que realmente no lo es...

No le busquemos significaciones esotéricas ni religiosas a este "hecho": simplemente "actuemos" en la consecuencia de lo que somos. Los demás "hacen cosas"; perfecto, así es su trabajo esencial. Nosotros -yo- "no hago cosas" -a la manera normal, por ejemplo-. Bien. Cada quien en su parcela. Y Dios en la de todos. 

Disfrutemos "haciendo" favores a los que nos los pidan, siempre que podamos. Tenemos múltiples ocasiones para ello, ya que los demás, cuando se sientan vacíos -dada su absorción en "lo" cotidiano-, nos lo van a pedir...






La obsesión enfermiza de querer saberlo todo...

El oscurantismo familiar, la cerrazón, la negación perpetua -la prohibición perpetua- so pena de que los "ajenos" a la familia -los extraños-, sepan!  He ahí la clave. 
La familia debe permanecer cerrada, acotada, hermética, esa es la mejor medicina para la perpetuación del clan; un clan que se sabe con miedo a todo lo de "afuera". Lo exterior a la familia es peligroso y puede ser dañino, por eso es mejor fortalecer la "oscuridad" tanto mental como física para protegerse (recuerdo con insistencia la manía de mi abuela de cerrar a cal y canto todas las ventanas de la casa cuando llegaba la noche. La misma manía neurótica que heredó mi padre).
Ante este panorama, el niño sufre y se pregunta el por qué de estos comportamientos "autistas", cerrados y siniestros. Se pregunta, en su mente incipiente y en formación, el por qué de esta oscuridad diaria y el por qué "no se dice nada"...
Estos tics neuróticos por parte de padres y abuelos siguen en el tiempo y, lógicamente, dañan la mentalidad del niño, incapaz -por miedo- de preguntar nada ni de plantearse si hay alguna salida sanadora que "estabilice" unos problemas que no son suyos, que pertenecen a otros. Y esa es la segunda clave: los problemas de los otros no son los míos, y me son impuestos por ese miedo ancestral.
La tercera gran clave es tomar la decisión de "ver" el problema -ya de adolescente o de adulto-, de enfrentar lo sucedido y restituir la situación normal. Si se tarda en hacerlo, se creará un problema que resultará obsesivo, esto es, se creará una neurosis. 
Aceptando ya la neurosis como creada, no quedará más remedio que la aceptación de la misma. Y es en esa aceptación cuando se empieza a sanar, cuando se restituye la cordura, el balance mental consciente de una situación que ya se reconoce como "de otros". 
Queda todo un trabajo por hacer y es de manera individual donde se debe trabajar. 
Acabo donde empezó el título del artículo: La obsesión enfermiza de querer saberlo todo procede de la oscuridad recibida por muchos años. Soltemos, soltemos...dejemos ir todo. No procesemos más información, no es necesario. El daño está hecho, y la cura ha llegado...

DEPRESIÓN, UNA TEMIBLE Y PODEROSA PRISIÓN MENTAL

Liderazgo Positivo, Apertura Mental e Innovación | Reactor92

sábado

Que hable el "desconocido"...(título inspirado en una biografía de CG Jung)

La figura del "padre" es un esquema atávico. De niño se idealiza la figura del que "sustenta", sea madre o padre. Cualquier sentimiento de contrariedad se toma como una ofensa, y más aún, como una afrenta; y se traumatiza, esto es, se fabrica un trauma (que puede tardar mucho tiempo en sanar, o quizá no hacerlo en todo el período de vida).
La observación desapegada -cuando se adquiere cierta adultez-  de "lo" ocurrido, deja ver en perspectiva -como mero espectador- el episodio pasado. 
El tomar fortaleza interna, el adquirir responsabilidad sobre uno mismo y sobre la propia vida es lo que da oxígeno y "cierra" los episodios. Más allá de si las experiencias pasadas fueron agradables o caóticas, es necesario lograr este desapego circunstancial: -Esto no fue conmigo! Yo no tengo nada que ver con el suceso...

Hablamos, resumiendo necesariamente, de niveles de consciencia. Cuando se logra "ver" desde afuera, uno "crece". La disposición de este crecimiento es lo que dispensa la "ecuanimidad". En este sentido, el pasar página se vuelve necesario. Y se logra "pasar página" con criterio y madurez. 
 Recuerdo -al escribir esto-, que alguien dijo que es muy positivo observar de nuevo los sucesos traumatizantes pasados "en perspectiva", o sea, como un mero espectador. Siendo espectador del suceso, uno puede cambiarlo a voluntad. Una buena manera de "sobrepasar" el episodio y quitarle todo su potencial dañino, sería mantener la imagen original, pasarla "a blanco y negro- y/o empequeñecerla; reducir la imagen del suceso. Esta "treta" puede servir para lograr el distanciamiento necesario para sanarlo. En definitiva, lograr "ver" el suceso como algo "sin sustancia" y sin capacidad para que nos vuelva a perturbar en ningún sentido. 
Hablamos de CRECIMIENTO PERSONAL siempre y en todo caso...Y esto no es un concepto new age, es algo que deberíamos reivindicar como normativo...


Transcending the Self: A Passage into the Dark Unknown

miércoles

El cubo de la basura...

Nuestra vida consiste únicamente en ir vaciando basura mental: toda la basura que nos ha impuesto nuestro árbol genealógico, nuestra familia, la sociedad y nuestras relaciones. Reciclar todo este material es el trabajo encomendado. Sacar la "luz" que existe entre toda esta podredumbre, es posible si tomamos consciencia de ello. Encomendándonos a esta limpieza es llegar a la mutación clave del Ser. 
Buscar las pepitas de oro en el río, entre la hojarasca y los materiales innobles...Sacar lo sagrado de nuestro árbol, de nuestra familia, de nuestras relaciones emocionales; lograr desentrañar el por qué vivimos lo que vivimos, el por qué estamos experimentando nuestras vivencias de un modo concreto. 
Todo es Enseñanza...


Frase de Lama Yeshe, en una de sus pláticas: - I am the garbage man...Yo soy el hombre basura...

BUDISMO MAHAYANA Grupo de Estudio: Aniversario Lama Yeshe


Fritz Perls...

Dentro Y Fuera Del Tarro De La Basura: Amazon.es: Perls, Fritz: Libros


Somos una "Perla Sagrada"...

Magic Pearl Qigong: A Tai Chi Medicine Ball Exercise Routine and ...

jueves

La "norma" generacional...

El primer obstáculo que tenemos que reconocer y cruzar en el intento de, precisamente, “reconocernos” a nosotros mismos, es el árbol familiar que llevamos a cuestas.
La mayoría de nosotros nacemos con un “programa” ya impreso en nuestro ADN (por decirlo así) que nos va a condicionar todo nuestro recorrido vital, a no ser que, por circunstancias extraordinarias y poco comunes, nos demos cuenta de que son otros los que dictaron ( y continúan dictando) nuestra vida cotidiana.
Este hecho no lo asumimos como novedoso, sino que lo entendemos como normal y no nos lo cuestionamos. Y así vivimos toda la vida.
En esta sociedad que nos ha tocado vivir, lo que es “normal” lo dictan algunos para que la mayoría no nos descarriemos ni nos salgamos de este “corral” normativo. De este modo, con las normas bien establecidas, todos los que se aparten de este régimen son considerados como individuos “fuera del sistema”.
La “norma” impera en todos los ámbitos: personal (comportamientos), laboral, familiar, y llega hasta a coartar lo “emocional” –lo cual ya es una auténtica castración y desgracia-.
Regresando al árbol familiar, es evidente que éste lleva dentro todo este engranaje de normas desde su principio. Podemos decir entonces que nuestra propia familia con todos sus ancestros y generaciones, forman un “todo” normativo “tóxico” del que es casi imposible escapar a no ser que lleguemos a la comprensión de que nos urge trabajarnos a nosotros mismos para salir de su influjo y poder liberarnos.
Para convertirnos en el “ser” que verdaderamente somos, para reconocernos en la esencia que llevamos dentro –que es pura, sin mácula- es necesario hacer el ejercicio de la “mutación”, como me gusta llamarlo. No es suficiente un simple cambio de costumbres (aunque se puede empezar por ello), ya que la fuerza de la “norma” familiar es muy poderosa y nos puede atrapar de nuevo. Para asegurarnos de que hemos salido del “hechizo” generacional, es preciso “mutar”. El “mutar” es ver claro que uno está atrapado en una vida que es la de otros y no la suya propia. Cuando nos damos cuenta de que estamos “viviendo” la vida que a otros les gusta que vivamos (con todas las mil máscaras que usamos para las mil situaciones que vivimos), es cuando decidimos ser nosotros mismos, independientemente de si a los otros (en este caso, a la familia) les guste o no.
Así empezamos a ser libres y a recuperar –poco a poco- la creatividad de “Ser”, sin máscaras, sin hipocresías y sin normas absurdas que nos limiten.

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miércoles

condicionamientos...

Si no controlamos nuestras propias reacciones ante los eventos cotidianos, es absurdo intentar "controlar" o buscar respuestas satisfactorias en los demás, que nos satisfagan...Y eso lo venimos practicando desde el inicio de los tiempos...
Pretendemos "acomodar" las respuestas emocionales de otros a nuestros intereses, y para que no nos dañen esas supuestas respuestas de terceros. Y nos cuesta entender que es imposible controlar esta interacción con los demás. A partir de eso surge, casi siempre, la decepción, la desilusión y hasta el daño emotivo y físico (en el caso de que la decepción sufrida se transforme en enfermedad o en síntoma).
Tenemos que aprender a fluir, dejar pasar las cosas (laissez faire); olvidar las reacciones de los demás y no poner expectativas de logro. 
Eso sería otro eslabón más en la cadena utópica de "movimiento-cambio-mutación".
Lo ideal sería aprender a transmitir como lo hacían algunas civilizaciones antiguas, y me viene a la memoria visual el ejemplo de algunos glifos mayas: transmisión y aprendizaje verbal...


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Respetar los "momentos" (respetarse)...

Saber medir cuándo nos asalta un cambio de rumbo; saber respetar cuándo hay que "echarnos un alto" en el camino. 
Los momentos de "crisis" hay que saborearlos. Duelen, es obvio, pero hay que dejar que duelan.
Si no nos entrometemos demasiado en esos momentos, y dejamos que fluyan, pierden fuerza -cuando tienen que perderla- y se inicia una nueva etapa que, necesariamente es "mental". El mental propio nos señalará la nueva directriz.
Es lo que llevo mencionando en varias entradas de este blog: movimiento-cambio-mutación.  
Dejémonos mecer por el viento como si fuéramos hojas, y nos posará finalmente donde debemos estar, en el momento preciso...



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Cuando algo termina, es que termina...

Reconocer cuando una etapa está terminada, acabada.
Justificarse ante el cambio que supone una etapa recién terminada es lo peor que podemos hacer.
 El inconsciente "sabe" perfectamente que acabó un ciclo de cosas (por llamarlo de algún modo). El consciente "resiste" y se resiste al cambio: -No puede ser que ya no tenga ganas de "x" cosas, cómo puede suceder que no me atraiga más la idea de hacer "x" cosas...Ya no soy el mismo, debo encontrar una solución, igual es que estoy enfermo. 
No queremos reconocer el cambio, no admitimos ni aceptamos el viraje del rumbo vivencial.

 Las resistencias a los cambios provienen tanto de nosotros mismos como de las ideas y normas a que nos sometió y nos somete nuestra familia, nuestra genealogía. Se nos impone una manera de hacer y de actuar "cuerda" y conforme a sus bases arcaicas e inamovibles: una persona (un miembro) de esta familia, de esta sociedad, "debe" mantener un comportamiento "recto", constante y sin variaciones. Una persona cuerda debe tener una conducta ortodoxa, sin altibajos, ni mucho menos extravagancias.
A todo eso estamos sometidos desde infantes. Se nos ha marcado a fuego con todo lo que "debemos" ser y hacer. Por eso nos resistimos tanto a los cambios "naturales" en nuestra vida. 
Lo normal, lo natural y espontáneo se ha pervertido por parte de esta sociedad mediocre y gregaria. 
O estás con nosotros -con todos- o te aislamos y te conviertes en oveja negra (discurso muy dicho y nombrado, por eso no me extiendo en el comentario).
Hace poco tiempo le comentaba a un amigo lejano (vive en Estados Unidos), con cierta melancolía y hasta quizá tristeza, el posible cambio en mi vida que no hice, ya hace mucho tiempo. Él me contestó lacónicamente: -Acéptalo...  
Es buena idea -quizá hasta sea la mejor terapia-, aceptar lo que nos suceda y también lo que no nos suceda- y aceptar el cambio y la situación. Siento que es algo profundo, reparador. Aceptar no significa claudicar ni someterse a uno mismo (en este caso), antes bien es armonizarse con uno...Aceptar el movimiento, aceptar el cambio, aceptar la mutación...Y ser conscientes del "no movimiento", en momentos determinados, que deberán dar paso a ciclos cambiantes, a su debido tiempo. 
Mantenerse en el propio "centro" en medio de las circunstancias...
                                           

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Máscaras...

No tenemos (portamos) una máscara; tenemos y portamos varias. Tenemos un arsenal de máscaras dedicadas al repertorio de comportamientos falsos al que somos adictos: máscara laboral, máscara familiar, máscara personal -e intransferible-, etc.
La vida cotidiana nos "exige" que nos cubramos con las caretas/máscaras; paradójicamente, asi somos "reconocibles" por lo social, por lo normativo. Y es que la Norma exige máscaras...
Un individuo sin máscara NO es reconocible; es un fuera de la ley, un orate, un perturbado que, si tiene suerte, se le exigirá una suerte de "readaptación social" y, si no la tiene, se le apartará, se le retirará del Sistema por diversos métodos (el muestrario metodológico por el que se "apartan" individuos es muy amplio). Retiro: Blade Runner/ Adaptación "social": La Isla del Doctor Moreau.

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Efectos de actuar "sin" máscara protectora, o sin "disfraz", que viene a ser lo mismo:

Se altera el "sistema normativo"; acaece un "fallo del Sistema" (un fallo en la Matrix sistémica).
A uno le mirarán como bicho raro (a veces, hasta como sujeto peligroso; con peligrosidad inminente)
En el mejor de los casos, se le ignorará.

Hay algún valiente que viva sin máscara? Son pocos...

CREATIVIDAD- ACTUAR SIN MÁSCARA, SIN DISFRAZ= PELIGRO SOCIAL!...


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sábado

Ser...sí mismo.


Certezas...


Charla (siempre imaginada) con José Argüelles...

Qué nos está pasando? ("pandémicamente" hablando).

El planeta ya no aguantaba más. Es la lección que tenemos que aprender. Oír el lamento de la Tierra que nos advierte que no puede seguir soportando maltrato. Su respuesta es obvia. Replanteamiento de la sociedad y el respeto debido a "La" que nos soporta por tantos milenios. 
Humildad, saber entender, pacificar y limitar las diferencias, saber dar "asistencia" al prójimo. Usar "sabiamente"/éticamente lo producido. No abusar de nada. Ser frugal, entendible; ser modesto y santificar cada acto que hagamos, por nimio que nos parezca: estas son las verdaderas ofrendas para el cambio necesario. 
El toque de alerta está a nivel máximo: no aprendimos, por eso el "cierre" estructural está siendo tan letal.
La propia Tierra es la que ha desencadenado el virus; el programa final para limpiar y reorganizar los cimientos geográficos y sociales desde su base. 
Soportar los cambios, no hay mucho más que decir. No se trata de hacer planes a futuro (las planificaciones egoístas acabaron),se trata de esperar la respuesta que nos esta dando día a día el planeta y aceptar con humildad y paciencia sus respuestas, por duras que estén siendo. 
Tomarnos el tiempo suficiente para reflexionar, para meditar, para limitar nuestras necesidades superfluas y quedarnos con lo básico. No necesitamos tanto, simplemente podemos vivir, coexistir, con lo imprescindible. 
Diversifiquemos nuestras actividades, ampliemos el "espectro" de las mismas, hagamos que todos participen, que nadie se quede fuera. Respetemos y demos un papel fundamental a los débiles y despojémonos -los ricos- de lo que no es necesario. 
La respuesta es dura y se demuestra como tal. El arma nuclear en forma de pandemia. Aprendamos de esta lección máxima. Era necesario que se diera. Hemos tocado como sociedad mundial. Aprendamos de ello. Vivamos y entreguemos el valor de lo que hacemos a la madre Tierra, con toda la humildad y con todo el respeto. 
Aprendamos de los animales, que nos están dando una lección de comportamiento. La verdadera inmunidad viene del saber entender la humildad. Los inmunes son los humildes. 
Perdonemos diariamente. Expandamos el perdón a toda la Galaxia y ella nos devolverá con creces la dosis que necesitamos para entender lo que nos ha sucedido. 
Utilicemos las bendiciones recibidas para entender este proceso. Gracias...

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