El camino es arduo. Rememoro lo pasado: el niño que lloraba para que le "vieran". El niño que se provocaba una tos, para que le "oyeran".
El contacto reestablecido con ese niño que quedó "huérfano" y eternamente solo. Tenía padres, sí, pero se sentía huérfano. Hay que buscar al niño y traerlo a ese presente perpetuo en el que está instalado el adulto realizado; el adulto "sacralizado"; el que ha hecho el trabajo transmutativo, el que se dio cuenta de que era necesario el cambio radical: O cambias o mueres!
La fusión entre dos almas, que son siempre una: la del niño y la del adulto. El alma desvalida antaño se reconforta en el alma bregada, templada y reconstruida, aun que haya sido a base de golpes emocionales.
La paz llega cuando haces este contacto con el niño que se quedó atrás, sin sustento ni ánimo...
(la parte final de la película "Rocketman" -que no me canso de ver-, ejemplifica este contacto entre el adulto redimido -Elton John- y el niño que fue. El abrazo dado, por fin; el abrazo reclamado...)
Si no te perdonas a ti mismo, quién lo va a hacer por ti?
Si no es ahora, cuándo?
Soltemos todo el lastre, perdonemos a tod@s, perdonémonos a nosotros mismos a través del niño que fuimos y que dejamos a su suerte, sin apoyos.
-Lo recibes, finalmente...Deja de llorar y de provocarte tos, estoy aquí, contigo, te escucho y te abrazo. No estás solo, somos dos. Somos uno...¿Estás bien? Sí; ahora sí...Te quiero.
Caminamos juntos; para siempre...
No hay comentarios:
Publicar un comentario