sábado

Vacío interno...los ´referentes`.

Nacemos mal o nacemos bien. Si tenemos los referentes apropiados, la guía apropiada, y nuestro ambiente infantil es adecuado, tenemos muchas posibilidades de desarrollo correcto (sin tener en cuenta los rumbos torcidos que puedan surgirnos posteriormente).
 Desgraciadamente, la mayoría de nosotros no nacemos bien y no hemos tenido esas guías naturales o esos referentes "sabios" que nos permitan un desarrollo emocional equilibrado y pleno. Esto sucede -y ya lo he mencionado varias veces en otros artículos- porque nuestros padres no tienen la suficiente madurez para actuar como "referentes" adecuados. Sus vidas han sido carentes en muchos aspectos, entonces no nos podrán transmitir lo que a ellos les ha faltado (es de pura lógica). Y así, la cadena de obstáculos, turbaciones y traumas sigue de generación en generación.
 A resultas de todo esto, ¿Qué nos sucede? Nos sentimos incompletos, como faltos de "algo" vital que no identificamos qué cosa sea. La insatisfacción, el desasosiego, los múltiples miedos, la falta de confianza, los innumerables fracasos en la vida...El origen es el mismo: la falta de referentes que nos lleva al vacío interno; al vacío existencial en muchos casos.
 ¿Cómo intentamos "resolver" este problema? Actuando -sin la fuerza de vida que NO nos fue dada- de manera automática, empujados por la corriente que la sociedad en la que vivimos, nos marca (es curioso, cuando menos, que este sociedad "sepa" las carencias que tenemos la mayoría y que, lejos de querer resolverlas, las empuje y las aumente todavía más para su beneficio propio, como por ejemplo: fomento del consumismo absurdo, creación de espectáculos masivos sin verdadero sentido, estimulación de la "competencia" a todos los niveles, invención de conceptos y tendencias tóxicas con la "promesa" de un "posicionamiento correcto" en el mundo trepidante que nos toca vivir, eliminación de nuestra verdadera personalidad en aras de "marcas colectivas de publicidad", etc. En definitiva, esta sociedad materialista y enferma que busca el golpe definitivo para los que no fuimos respaldados en su momento).

 ¿Qué hacemos, entonces?  Nos "refugiamos" en el grupo social que nos toque y, de esta manera, "compensamos" nuestra falta de integridad y de confianza. Nos involucramos en toda suerte de actividades triviales que creemos que nos dan una imagen de personas plenas (lo más surrealista que hacen muchos, es portar banderas de marcas comerciales en carreras de coches de F1, por ejemplo. En este caso la "despersonalización" y la negación del yo, es absoluta; la rendición del yo propio ante el "producto social" que nos imponen es alienante...) 
En definitiva, buscamos huir del vacío interno que tenemos, eso sí, muy bien disimulado y escondido (tenemos la práctica necesaria para ello) para esforzarnos en "parecer felices" (por lo menos, ante los ojos de los demás). Y no hay nada más triste que esto, pero no tenemos alternativa, pues la "corriente" nos arrastra sin piedad ni contemplaciones.

¿Qué podríamos hacer para salir de esta mediocridad y restaurar nuestra fuerza no expresada?
 Transfigurarnos. ¿Qué quiero decir? Utilizar el poder de la imaginación y crear-nos "referentes" válidos y poderosos. 
Ejemplos: Como dice Alejandro Jodorowsky -casi desde siempre-, podríamos cambiarnos el nombre. 
 (remito, en este punto, a su libro Metagenealogía para quien quiera profundizar en este y otros aspectos del cambio personal).
 Un cambio de nombre nos puede dar la fuerza y el vigor necesarios para "reconocernos" de una vez. 
 Cambiar nuestros hábitos, poco a poco (no es nada fácil, pues estamos absolutamente "amaestrados" por esta sociedad tóxica). Los pequeños cambios son poderosos -que decían antiguamente en un programa de televisión-.
 
 La necesaria "transfiguración" -a la que también podría llamar "mutación"-, tiene varios momentos, estadios y requiere paciencia. No podemos cambiar de un día para otro ni romper todas las corazas que llevamos desde nuestro nacimiento. Un inicio de esta tarea "sagrada" augura ya un buen final, que será, a su vez, inicio definitivo de la nueva andadura.
 Tenemos que quitarnos los grilletes, reconocer que no hemos tenido "guías" adecuados y -esta vez, sin compasión para nadie- "intentar" el cambio. Ese "intento" es vocablo sagrado que implica ser auténticos, dejar de "espejarnos" en falsos referentes y dejar de jugar infantilmente. Nos hacemos adultos de una vez...Es importante si queremos dejar de "llorar"...




lunes

El dolor del mundo...el propio dolor.



Corría el año 2005, estaba en México -cómo no- y participaba en un curso de Biomagnetismo Médico a cargo del doctor Isaac Goiz Durán (qepd).
 Ya había conocido al doctor en Barcelona, allá por el año 2000, y me interesé vivamente por la técnica -que no terapia- que usaba: una curación rápida para el "paciente" (no me gusta esta palabra, prefiero utilizar la de consultante; los términos terapeuta y paciente como que marcan una diferencia de categorías, y no debe ser eso), pensé. Justo lo que andaba buscando; no más sesiones tediosas con consultantes, no más dudas, no más diálogos sin fundamento ni finalidad, no más divagaciones. En lo personal, estaba pasando una época complicada. Justo acababa de cerrar un consultorio -digamos, de psicoterapia- y me preguntaba si valía la pena lo que estaba haciendo...En eso, que "me topé" con el doctor Goiz y me resolvió bastante bien una buena parte del camino que iba a recorrer (los caminos están para recorrerlos y para ver claro el final de los mismos, pues estos caminos personales se recorren, se trascienden y se terminan; y así debe ser...) Menciono que mi trabajo con el Biomagnetismo Médico es tratado en otro blog "ad hoc".
 
Mi bagaje de vida ha sido un encuentro perpetuo -a veces, hasta amistoso- con el dolor. De tan cotidiano que se hace, no te queda más alternativa que familiarizarte con él y hacerlo partícipe de tu vida. Estoy hablando de un dolor emocional y no tanto físico; es/era mi circunstancia propia y no la de otros.
 Ya he hablado varias veces en este blog del tema familiar, generacional, atávico, etc. La familia nos marca en nuestro devenir. Llegué -en tiempo propicio y sincrónico, creo- a "ver" claramente que mi dolor me era "legado" por mis ancestros. Trabajé -y sigo trabajando- con él porque es la única manera de entenderlo y trascenderlo. La historia es larga y comprende muchas etapas. Ya no me siento víctima sino partícipe, y entiendo este proceso. El trabajo sobre uno mismo curte y templa, igual que la espada en la forja. No me siento cansado ni hastiado, muy al contrario, me siento vivo; jodido, por momentos, temeroso, pero vivo y alerta. He conocido a mucha gente en cursos dados, en charlas privadas, en encuentros no buscados, y creo que he podido "pasar el testigo" y también enriquecerme con lo aprendido. 
 Mirándolo con cierta retrospectiva, ha sido un ejercicio de compartir dolores propios y ajenos.
 Cuando no sabía nada del Biomagnetismo Médico, ocupaba un consultorio psicológico y me topaba con el "dolor", y no sabía como tratarlo. Atendía a personas, sí, pero la insatisfacción era grande pues el dolor de existir no lo podía tratar. Se podía paliar algún asunto mundano, por supuesto, pero atrás, en la retaguardia -guardándolo todo- estaba aquel inmenso y terrorífico dolor existencial; el mío propio y el de los otros. El mío, pues ya lo conocía y lo soportaba más o menos, pero el más jodido era el dolor de los otros; y a ese no podía -ni puedo- hacerle frente. 
 Una de las claves que el tiempo y mi propio arrojo  -a veces, rayando la irresponsabilidad y lo temerario- me han dado, ha sido el "Poder" de entender que no se puede hacer nada con el dolor existencial más que entenderlo, aceptarlo y trascenderlo -entendiendo que "todo" se trasciende en una última etapa y que uno no puede forzar ciertos "finales", pues si se quieren forzar, se cae fácilmente en la desesperación y la angustia-.
 
 Y se fue el doctor Goiz en abril del 2020 (y él sabrá el por qué; y justo cuando empezaba el "drama" que nos ha tenido ocupados dos años largos y que parece que se resiste a "morir"...)
 Y también casi finaliza mi etapa que me ligó a esta técnica enseñada por él y que acepté desde el año 2005. No olvido los conocimientos aprendidos ni los buenos resultados ofrecidos. Como siempre, fue una etapa trascendida pero que tampoco pudo lidiar con el dolor existencial, que ya identifico como el dolor del mundo; el propio dolor... 
  Parece ser que retomo la escritura a varios niveles, algo que olvidé en la adolescencia pensando que servía para poco. Qué equivocado estaba: los prejuicios propios, los legados normativos de la familia que casi siempre van en contra de las capacidades de uno; de su propia creatividad escondida...
 En puridad, no sé lo que voy a hacer a partir de ahora en que estoy escribiendo estas líneas. Quiero viajar a México de nuevo para retomar algo que dejé inacabado. No me planteo un mañana ni, mucho menos, un futuro inmediato. Me conformo sabiendo de lo aprendido.
 Quizá sea buena idea el compartir ese amigable dolor propio y entender que uno es inmensamente afortunado en esta vida. Y poder aceptar el dolor ajeno como propio, pero sin cometer la enorme estupidez de querer "curarlo", pues en ese intento radica el error. 
 Compartir es la palabra, sí ; no se pretende nada más...