jueves

A raíz de un sueño. No ser "apto" para la vida...



Sueño que estoy en un edificio "burocrático"; de los que me aburren estrepitosamente y me otorgan algunos puntos de angustia.
Me siento forzado u obligado a cumplir con algo que me imponen. Siempre la misma monserga. No nos podemos librar de la "norma" impuesta por incapaces adultos ( o por adultos incapaces, que viene a ser lo mismo; o por la "policía" que -sin ser policía-, nos aturde con sus "pasos obligados" para los ciudadanos/rebaño).
 Hago corto el sueño, para no cansar: Me piden, en una planta del edificio, toda mi documentación personal. Entrego todo y me quedo sin nada que me identifique "para ellos": credenciales, permisos, documento de identidad, pasaporte y demás permisos de los que no me acuerdo. Observo que me quedo "solo", como desnudo, sin ninguna prueba que acredite "quien soy en la vida" (esto es una sensación personal que tengo en aquel momento). 
 En ese ínterin, suceden cosas de las que me he olvidado. Finalmente, me observo en la última planta del edificio -la más alta- donde el que parece ser el "médico jefe" me devuelve toda mi documentación personal. Nos observamos mutuamente y yo le supongo que ya está al tanto de "quien soy"; le creo informado de todo mi currículum vitae. 
 Sigo observando al hombre, y le escucho parco en palabras, frío -extremadamente frío, como insensible a todo-. Sin alargarse en ninguna charla, me da un "diagnóstico" (de hecho, no recuerdo el por qué estaba yo en aquel edificio -que para nada parecía sanitario, sino más bien "administrativo", o policial. No recuerdo -en el sueño- haber pedido ninguna cita médica para nada). 
 Me dice aquel doctor/policía jefe: " Usted no es apto para la vida" (así, en general). Además, tampoco puede usted conducir ningún vehículo" (como si esto segundo no estuviera englobado en la primera afirmación -absurdo-...)
 En resumen: "me anulan vivencialmente"; me sentencian a no sé qué...No me matan, pero me "separan de la vida" (de su modelo de vida "normal"). No recuerdo casi nada más. 

 Al día siguiente -ya fuera del sueño-, pienso que la experiencia onírica ha sido una bendición personal, pues me otorgan una suerte de sentencia absoluta por la que no formo parte "de la vida de ellos". Esa "vida de ellos" es la vida que está escrita en las credenciales personales que cada uno tenemos -y siempre escrita y apostillada por otros; nunca pedida a título personal como necesaria (¿necesaria para demostrar qué?) Pues precisamente por eso, porque no tengo que demostrar nada a nadie, es por lo que me declaran "no apto para la vida". 
  El individuo que no resulta "apto" para la vida, es aquel que es creativo, anti-normativo y -lo que les asusta más-, imprevisible. "Ellos" -los que mandan- no pueden tolerar la "imprevisibilidad" porque los fulmina directamente; porque aniquila su sistema de creencias y rituales (porque de eso se alimentan). La imprevisibilidad es el antídoto/kriptonita contra "ellos". Por eso quieren tenerlo todo controlado y que cada ciudadano/rebaño posea sus "credenciales vigentes". En el sueño, yo poseía mis credenciales y me las piden. ¿Por qué -a pesar de ello- me declara el médico jefe "no apto"? Porque, a pesar de estar documentado "debidamente", ellos saben quien forma parte del rebaño y quien está fuera del mismo. Probablemente ocurrió -en su momento- un "fallo del sistema" y se me incluyó entre los "legales" ( y eso, tras valoración, el médico/jefe/policía lo supo inmediatamente...)






Mundo programado...


Los "inputs" exteriores avasallan; no te dan respiro y te fuerzan a que te olvides de mirarte en tu interior. Simplemente no tienes tiempo y, cuando lo buscas, estás demasiado cansado para soltarte y dejarte ir...estupenda paradoja.
Vivir en una sociedad enferma como la nuestra nos impide lograr una estabilidad profunda. El hecho de formar parte de una familia ya es un estorbo, muchas veces (hablo para los pocos que puedan compartir estos pensamientos, que intuyo que no son demasiados).

Ya digo que "lo exterior" a nosotros no ayuda: la televisión -quien todavía la tenga-, la prensa -quien todavía la lea- y el internet y su constante publicidad manifiesta y subliminal -que las dos formas están estudiadas y sirven a un mismo propósito- te apartan de la necesaria "re-conexión".
Hoy precisamente, me dio por rememorar la película "El show de Truman", pensando en esta avalancha mediática insoportablemente controladora. La vi de nuevo, después de muchos años, y la vi diferente; quizá con sus mensajes más claros.

Nuestra vida es una vida "programanda"(me equivoqué y escribí "progra-manda", en lugar de "programada"; curioso como actúa el subconsciente para hacernos ver en dónde estamos metidos, lo que estamos haciendo y quien nos dirige y "manda". Por eso decía que, el "oficio" de este mundo con sus sicarios mediáticos, quieren a toda costa impedirnos que regresemos a nosotros mismos, pues saben que el peligro radica ahí: si nos "conectamos" nos "olvidamos" poco a poco del entramado exterior y le quitamos fuerza. Y "el programa general" vive de nosotros, por eso su actuación es fulminante.
De nosotros depende cambiar el sentido de esta trama. Un simple gesto hacia nuestro interior, un simple momento de silencio, indicará la pérdida gradual de poder de todo el "sistema". Y es que -como Truman-, vivimos dentro de una tela de araña que nos ha confundido y no nos podemos imaginar que exista otra realidad afuera de este "programa mental" que nos han impuesto. Tenemos que abrir la puerta de salida -como hace el propio Truman al final de la película- y exclamar que "la función ha terminado". Automáticamente veremos como el "programador" claudica y se viene abajo, reconociendo su fracaso final...



martes

Bloqueo y "Sombra"...



Que hable el "desconocido"; que hable "la sombra":  el verbo tiene que hacerse carne.


Sesión "imaginada" con CG Jung.

Me habla simbólicamente -lo que me jode mucho-, pero quizá, en el lenguaje simbólico está la comprensión más adecuada y decidida. La explicación simbológica/alquímica "trasciende" lo puramente dual y humano; ayuda a despolarizar la mente y a "prescindir" de lo burdo, a saber: el limitado cuerpomente.
También ayuda a ver la supuesta experiencia traumática como algo "que se queda pequeño" y que, en sí, no tiene la importancia que le otorgamos (nos creemos que somos "algo" y no somos nada "que importe a nadie". Nos creemos demasiado "grandes", y cometemos ese error de soberbia que nos hace daño y nos trauma).

Interpretación:

CG Jung se quita la manta de sus rodillas y muestra un falo descomunal que va agigantándose y, en un momento dado, expulsa violentamente el semen, que se convierte en polvo brillante y blanco; casi angelical, diría...algo desprovisto de toda "carnalidad" y banalidad. Luego, de su boca, surgen varios huevos de gallina, grandes y blancos, que son expulsados con cierta dificultad, pero que, una vez afuera, se rompen y salen pájaros de color blanco plateado, con alas largas y cadenciosas, semejando "aves del paraíso"... Salen varios huevos de su boca, como si de una especie de "parto" se tratara. Las aves se confunden entre sí y se mezclan entre ellas, formando caduceos y símbolos de ADN curvos, fusionándose...

El bloqueo/trauma se hace "expresión", se "volatiliza" y surge de su "empacado". Así, de esta manera, se "disuelve" lo que preocupaba o atormentaba. No queda el problema, no queda su significado "obligado", no queda el miedo ni el prejuicio; no queda nada...El concepto, la causa, el objeto y el objetivo, la presunción, la angustia final, la expectativa...todo ese "lodo mental" se esfuma y se desvanece.

Entonces: ¿Dónde está el problema? Probablemente, en nuestra consciencia dual y limitada. Mientras mantengamos esa consciencia, seguirán surgiendo "huevos" de nuestras bocas ( y hasta semen celestial de nuestros falos exagerados por un tema "sexual" cada vez más borroso y equívoco...)

La sensación de Amor que queda es el único "remanente" lógico; y surge de manera espontánea, sin buscarlo; como un resultado de una ecuación compleja que llega a pura simplicidad. No cabe nada más. Nos fusionamos y nos disolvemos en el puro gozo...¿Qué queda? La "nada" plena.

Sólo me cabe decir gracias...






sábado

Coherencia emocional...



Veo -hace poco- que se habla de la coherencia cardíaca. Encuentro interesante este enfoque, aunque sin meterme muy profundamente en este tema. Las bases simples que proponen son eso; simples, como tienen que ser. Ponen el acento -grosso modo- en la "expiración" -que dicen tiene que ser un poco más larga que la "inspiración". 
Pienso, en relación a este tema "médico-integrativo-, en algo tan distante y heterodoxo como es la llamada "recapitulación chamánica". ¿Por qué lo digo? Porque enfatiza mucho la "expiración" también.

"Expirar" para ser el arma necesaria para logar "desprendimiento" y relajación; y quizá la relajación nos pueda llevar a un cierto "desprendimiento".
 Si estás relajado estás en el punto óptimo para "soltar/desprender" lo que sea necesario y que tu ya sepas que no te hace falta ni que te ata (normalmente serán situaciones pasadas que tenemos "enquistadas" en el inconsciente y que nos dificultan nuestra libre "presencia" y libertad para ser y actuar).
 Por eso no me es extraño emparejar un tema médico integrativo con una práctica plenamente esotérica. El error que cometen muchos es mantener separados ciertos campos y así evitar que se unan lo científico normativo con lo esotérico. Actuando de esta manera, nos perdemos lo enriquecedor de cada creencia.
En la recapitulación chamánica una situación personal "se expira" -físicamente- y se saca de nuestra historia personal para que no nos siga limitando (hay bastante documentación a este respecto; yo simplemente hago un esbozo).

 Hago también, un juego de palabras: coherencia puede significar co (de compartido) y herencia (legado que se nos transmite). Participamos de una "co-herencia" que se nos impone a través de nuestro árbol genealógico, de nuestros ancestros. Vemos aquí que -consciente e inconscientemente- se nos limita nuestra personalidad propia para mantenernos -bajo mandato emocional- dentro del clan familiar, y así seguir sus dictados.
 Para liberarnos de ellos, debemos -precisamente- "relajar y expirar" los mandatos que no nos pertenecen; los legados que nos han sido impuestos a través de un "legado" que la mayoría de las veces es "tóxico".
La palabra "expiración" se parece a "expiación" (perdonar o perdonar-se uno mismo; quedarse libre de mandatos limitantes transmitidos por el clan). 
 Lo deseable es dejar de estar "fraccionados" y lograr el "equilibrio limpio", "expirándolo" todo...

 





 

 

domingo

De la propia "desnudez"; la pérdida de referencias...



El tiempo lineal pasa; se sucede. Mejor escribir sin pensar, sin armar ni hilvanar nada pensando "a posteriori" (que luego no hago nada...)
 He tenido sueños repetitivos en los que me veo caminando desnudo. Me detenía ante una casa de vecinos oscura, lóbrega, con un pasillo largo e insulso. Al fondo, se distinguía una figura humana, creo que de una mujer. No me acuerdo de cual era mi cometido; olvidé casi todo. Estoy con el torso desnudo, parado en frente de la puerta de esa casa; no sé qué quiero; me olvidé -ya digo-.
 Probablemente no tenga ya nada que esconder, mientras que los otros siguen "a oscuras" y con sus malditas y atávicas precauciones de siempre.
 El tiempo pasa y uno está cada vez más "desnudo" ante el devenir. Lo que quede por "devenir" ya me va importando poco; poquísimo...Pensándolo friamente, estoy contento de encontrarme "desnudo" en varios sueños semejantes. Me muestro tal como soy, sin vergüenza (sinvergüenza!) y no puedo entender -en mis sueños- cómo los demás se muestran "vestidos" y "a oscuras". En "mi" realidad, es otra cosa; ahí sí capto y sigo entendiendo. Lo que piensen de mi, ya no me importa.

Me observo en otros sueños, con casi total ausencia de "discriminación normativa" (palabreja que me acaba de surgir). A veces, se juntan mi propia desnudez y la total falta discriminativa, lo cual ya es el súmum del abandono extravagante de referentes...
 En algunos de estos sueños, no puedo distinguir entre conceptos, normas escritas o referencias. Si hay alguna norma "fijada" no la entiendo; no sé interpretarla. Por no poder entenderla, no la concibo ni la hago mía. Estoy en una comprensión muy fuera de la "realidad imperante", pudiendo parecer que provengo de otro planeta. Todo esto me sucede en sueños. El problema es que, en mi realidad de vigilia, tiendo a actuar de la misma manera y, evidentemente, se crea conflicto.
 Vivimos todavía en un mundo polarizado y el que se aparta de esta "norma" está "fuera de juego". Y es que, para mi, probablemente ya se acabó el "Juego". Lo único que "espero" de esta sociedad (con minúsculas) es que no me metan "adentro". Por si acaso, ya planeo mi "alejamiento anónimo"...
        

sábado

Lo ´prohibido`...



Hablar de lo que está "prohibido"; hacer lo que sentimos "prohibido" o lo que se nos ha dicho que es "prohibido"...
Nacemos - una vez más el nacimiento es clave-, con todo el bagaje impuesto por nuestra familia acerca de lo que es "factible" y lo que no lo es. Nos ofrecen un "menú" de cosas "nobles" y de otras que "deben" quedarnos al margen. Según estas cartas de presentación, vamos conformando nuestra personalidad con todo lo que nos permiten hacer y con todo lo que quedará como "tabú", como "prohibido" en nuestra alacena mental.
 Nacemos inocentes y somos inmediatamente sometidos a unas reglas estúpidas de comportamiento, con una serie de barreras y puertas "emocionalmente" cerradas para nosotros. Por eso, muchos sueños repetitivos se encargarán de mostrarnos este escenario múltiples veces hasta que decidamos o sepamos vencer esos "códigos negros" que no son nuestros sino que nos han sido transmitidos sin nuestro consentimiento.

 Cuando existe alguna pulsión urgente por realizar algún acto, es imprescindible que, sin excusas ni resistencias -que actuarán de buen seguro-, nos demos a la realización/consumación de eso que sentimos que queremos hacer. Sólo de esta manera, venceremos la carga "prohibitiva" impuesta y nos liberaremos de nuestra "urgencia". Es muy posible que, después de consumar el acto que fuere, nos liberemos automáticamente de la estúpida pero férrea sensación de culpa que teníamos antes de realizarlo. 
 Y así, hasta que acabemos con todo lo que sentimos que nos es "urgente" hacer. 
 Actuando de esta manera, nos convertimos en adultos auténticos y abandonamos nuestra infancia condicionada por todos aquellos legados normativos tóxicos; por todos aquellos "menús de reglas" que no queremos ni nos han pertenecido jamás. 
 Accedemos al reino de lo "prohibido" y lo normalizamos; así nos volvemos completos y más íntegros. De este modo vencemos procesos neuróticos atascados en nuestra mente (cuanto más fuerte sea la pulsión que tengamos, si logramos realizarla, más grande será el alivio y nuestro proceso interno de curación). 
 Obviamente habrá necesidades/pulsiones que, por su extravagancia o gravedad, no nos sea posible llevarlas a cabo. En este supuesto, deberemos "ficcionar" el acto mediante el uso de metáforas e incluso teatralizando lo que queramos hacer. 
 En ningún caso deberíamos "juzgar" el acto que estamos a punto de realizar, ya que el "juicio" forma parte de la "norma neurótica" que nos fue impuesta y que nos "prohibió", precisamente, realizarlo. Abandonemos todo juicio y toda expectativa. Actuemos con imaginación y con fluidez. 
 Tenemos que "atrevernos" y actuar sin miedo. De este modo, los bloqueos mentales -muchas veces, a modo de compartimentos estancos cerrados con llave- se abrirán; algunos inmediatamente y otros tardarán un tiempo. 
 Es muy bueno que, cuando sintamos el acto acabado, hagamos un pequeño ritual a modo de gratificación por nuestro valor (a veces, un simple reconocimiento de "acto concluido" puede ser suficiente). 
 El miedo y el temor suelen tener su base en lo no hecho, en lo prohibido. Nos queda la opción "adulta" de acabar con nuestros "fantasmas"...
 

Vacío interno...los ´referentes`.

Nacemos mal o nacemos bien. Si tenemos los referentes apropiados, la guía apropiada, y nuestro ambiente infantil es adecuado, tenemos muchas posibilidades de desarrollo correcto (sin tener en cuenta los rumbos torcidos que puedan surgirnos posteriormente).
 Desgraciadamente, la mayoría de nosotros no nacemos bien y no hemos tenido esas guías naturales o esos referentes "sabios" que nos permitan un desarrollo emocional equilibrado y pleno. Esto sucede -y ya lo he mencionado varias veces en otros artículos- porque nuestros padres no tienen la suficiente madurez para actuar como "referentes" adecuados. Sus vidas han sido carentes en muchos aspectos, entonces no nos podrán transmitir lo que a ellos les ha faltado (es de pura lógica). Y así, la cadena de obstáculos, turbaciones y traumas sigue de generación en generación.
 A resultas de todo esto, ¿Qué nos sucede? Nos sentimos incompletos, como faltos de "algo" vital que no identificamos qué cosa sea. La insatisfacción, el desasosiego, los múltiples miedos, la falta de confianza, los innumerables fracasos en la vida...El origen es el mismo: la falta de referentes que nos lleva al vacío interno; al vacío existencial en muchos casos.
 ¿Cómo intentamos "resolver" este problema? Actuando -sin la fuerza de vida que NO nos fue dada- de manera automática, empujados por la corriente que la sociedad en la que vivimos, nos marca (es curioso, cuando menos, que este sociedad "sepa" las carencias que tenemos la mayoría y que, lejos de querer resolverlas, las empuje y las aumente todavía más para su beneficio propio, como por ejemplo: fomento del consumismo absurdo, creación de espectáculos masivos sin verdadero sentido, estimulación de la "competencia" a todos los niveles, invención de conceptos y tendencias tóxicas con la "promesa" de un "posicionamiento correcto" en el mundo trepidante que nos toca vivir, eliminación de nuestra verdadera personalidad en aras de "marcas colectivas de publicidad", etc. En definitiva, esta sociedad materialista y enferma que busca el golpe definitivo para los que no fuimos respaldados en su momento).

 ¿Qué hacemos, entonces?  Nos "refugiamos" en el grupo social que nos toque y, de esta manera, "compensamos" nuestra falta de integridad y de confianza. Nos involucramos en toda suerte de actividades triviales que creemos que nos dan una imagen de personas plenas (lo más surrealista que hacen muchos, es portar banderas de marcas comerciales en carreras de coches de F1, por ejemplo. En este caso la "despersonalización" y la negación del yo, es absoluta; la rendición del yo propio ante el "producto social" que nos imponen es alienante...) 
En definitiva, buscamos huir del vacío interno que tenemos, eso sí, muy bien disimulado y escondido (tenemos la práctica necesaria para ello) para esforzarnos en "parecer felices" (por lo menos, ante los ojos de los demás). Y no hay nada más triste que esto, pero no tenemos alternativa, pues la "corriente" nos arrastra sin piedad ni contemplaciones.

¿Qué podríamos hacer para salir de esta mediocridad y restaurar nuestra fuerza no expresada?
 Transfigurarnos. ¿Qué quiero decir? Utilizar el poder de la imaginación y crear-nos "referentes" válidos y poderosos. 
Ejemplos: Como dice Alejandro Jodorowsky -casi desde siempre-, podríamos cambiarnos el nombre. 
 (remito, en este punto, a su libro Metagenealogía para quien quiera profundizar en este y otros aspectos del cambio personal).
 Un cambio de nombre nos puede dar la fuerza y el vigor necesarios para "reconocernos" de una vez. 
 Cambiar nuestros hábitos, poco a poco (no es nada fácil, pues estamos absolutamente "amaestrados" por esta sociedad tóxica). Los pequeños cambios son poderosos -que decían antiguamente en un programa de televisión-.
 
 La necesaria "transfiguración" -a la que también podría llamar "mutación"-, tiene varios momentos, estadios y requiere paciencia. No podemos cambiar de un día para otro ni romper todas las corazas que llevamos desde nuestro nacimiento. Un inicio de esta tarea "sagrada" augura ya un buen final, que será, a su vez, inicio definitivo de la nueva andadura.
 Tenemos que quitarnos los grilletes, reconocer que no hemos tenido "guías" adecuados y -esta vez, sin compasión para nadie- "intentar" el cambio. Ese "intento" es vocablo sagrado que implica ser auténticos, dejar de "espejarnos" en falsos referentes y dejar de jugar infantilmente. Nos hacemos adultos de una vez...Es importante si queremos dejar de "llorar"...




lunes

El dolor del mundo...el propio dolor.



Corría el año 2005, estaba en México -cómo no- y participaba en un curso de Biomagnetismo Médico a cargo del doctor Isaac Goiz Durán (qepd).
 Ya había conocido al doctor en Barcelona, allá por el año 2000, y me interesé vivamente por la técnica -que no terapia- que usaba: una curación rápida para el "paciente" (no me gusta esta palabra, prefiero utilizar la de consultante; los términos terapeuta y paciente como que marcan una diferencia de categorías, y no debe ser eso), pensé. Justo lo que andaba buscando; no más sesiones tediosas con consultantes, no más dudas, no más diálogos sin fundamento ni finalidad, no más divagaciones. En lo personal, estaba pasando una época complicada. Justo acababa de cerrar un consultorio -digamos, de psicoterapia- y me preguntaba si valía la pena lo que estaba haciendo...En eso, que "me topé" con el doctor Goiz y me resolvió bastante bien una buena parte del camino que iba a recorrer (los caminos están para recorrerlos y para ver claro el final de los mismos, pues estos caminos personales se recorren, se trascienden y se terminan; y así debe ser...) Menciono que mi trabajo con el Biomagnetismo Médico es tratado en otro blog "ad hoc".
 
Mi bagaje de vida ha sido un encuentro perpetuo -a veces, hasta amistoso- con el dolor. De tan cotidiano que se hace, no te queda más alternativa que familiarizarte con él y hacerlo partícipe de tu vida. Estoy hablando de un dolor emocional y no tanto físico; es/era mi circunstancia propia y no la de otros.
 Ya he hablado varias veces en este blog del tema familiar, generacional, atávico, etc. La familia nos marca en nuestro devenir. Llegué -en tiempo propicio y sincrónico, creo- a "ver" claramente que mi dolor me era "legado" por mis ancestros. Trabajé -y sigo trabajando- con él porque es la única manera de entenderlo y trascenderlo. La historia es larga y comprende muchas etapas. Ya no me siento víctima sino partícipe, y entiendo este proceso. El trabajo sobre uno mismo curte y templa, igual que la espada en la forja. No me siento cansado ni hastiado, muy al contrario, me siento vivo; jodido, por momentos, temeroso, pero vivo y alerta. He conocido a mucha gente en cursos dados, en charlas privadas, en encuentros no buscados, y creo que he podido "pasar el testigo" y también enriquecerme con lo aprendido. 
 Mirándolo con cierta retrospectiva, ha sido un ejercicio de compartir dolores propios y ajenos.
 Cuando no sabía nada del Biomagnetismo Médico, ocupaba un consultorio psicológico y me topaba con el "dolor", y no sabía como tratarlo. Atendía a personas, sí, pero la insatisfacción era grande pues el dolor de existir no lo podía tratar. Se podía paliar algún asunto mundano, por supuesto, pero atrás, en la retaguardia -guardándolo todo- estaba aquel inmenso y terrorífico dolor existencial; el mío propio y el de los otros. El mío, pues ya lo conocía y lo soportaba más o menos, pero el más jodido era el dolor de los otros; y a ese no podía -ni puedo- hacerle frente. 
 Una de las claves que el tiempo y mi propio arrojo  -a veces, rayando la irresponsabilidad y lo temerario- me han dado, ha sido el "Poder" de entender que no se puede hacer nada con el dolor existencial más que entenderlo, aceptarlo y trascenderlo -entendiendo que "todo" se trasciende en una última etapa y que uno no puede forzar ciertos "finales", pues si se quieren forzar, se cae fácilmente en la desesperación y la angustia-.
 
 Y se fue el doctor Goiz en abril del 2020 (y él sabrá el por qué; y justo cuando empezaba el "drama" que nos ha tenido ocupados dos años largos y que parece que se resiste a "morir"...)
 Y también casi finaliza mi etapa que me ligó a esta técnica enseñada por él y que acepté desde el año 2005. No olvido los conocimientos aprendidos ni los buenos resultados ofrecidos. Como siempre, fue una etapa trascendida pero que tampoco pudo lidiar con el dolor existencial, que ya identifico como el dolor del mundo; el propio dolor... 
  Parece ser que retomo la escritura a varios niveles, algo que olvidé en la adolescencia pensando que servía para poco. Qué equivocado estaba: los prejuicios propios, los legados normativos de la familia que casi siempre van en contra de las capacidades de uno; de su propia creatividad escondida...
 En puridad, no sé lo que voy a hacer a partir de ahora en que estoy escribiendo estas líneas. Quiero viajar a México de nuevo para retomar algo que dejé inacabado. No me planteo un mañana ni, mucho menos, un futuro inmediato. Me conformo sabiendo de lo aprendido.
 Quizá sea buena idea el compartir ese amigable dolor propio y entender que uno es inmensamente afortunado en esta vida. Y poder aceptar el dolor ajeno como propio, pero sin cometer la enorme estupidez de querer "curarlo", pues en ese intento radica el error. 
 Compartir es la palabra, sí ; no se pretende nada más...
                              






miércoles

El ´Camino`se abre...



Las experiencias son para traspasarlas; entenderlas, cruzar su límite y comprender que deben ser trascendidas. Si no nos damos cuenta de ello (el famoso y sagrado "darse cuenta" de Fritz Perls; nunca me cansaré de recomendar su libro Dentro y fuera del tarro de la basura, al que dediqué un comentario hace tiempo), estaremos alegremente condenados a repetirlas casi compulsivamente.
 Lo normal es eso: la repetición; entonces, estamos precisamente en el mundo de los ´normales`. Seguimos viciados y atrapados por las costumbres y las normas y manuales "del buen hacer" que nos impone la familia y la sociedad. No nos salimos del "buen camino", que apenas entendemos que ha sido trazado por otros, para nosotros. Así nos mantenemos sine die dentro de lo "correcto" hasta el fin de nuestros días -si no es que un súbito incremento de consciencia nos hace salir de este camino común, labrado a fuego por los hacedores de la normalidad-.
 Acabar con una experiencia que sabemos terminada no es fácil. Lo más difícil es abrirse paso y salir del camino trazado, pues éste nos ha sido conculcado ancestralmente, y lo respalda todo un sistema de energía muy poderosa detrás. La fuerza energética de este influjo se lo da su antigüedad, precisamente. Cuanto más viejos sean los postulados sociales y sus normas, más difícil nos será quebrarlos; romperlos.
 Luchamos contra un sistema arcaico benignamente venenoso. La norma impuesta y aceptada ha cobrado poder y nos limita y somete. Lo viejo tiene peso, lo nuevo apenas lo va creando...

"El camino se abre". Esta frase me la dijo un antiguo monje budista inglés, hace muchos años, cuando yo mismo fui "sometido" por un modelo normativo y religioso que me venció. Ante mi ansiedad y duda creciente, agradecí aquella frase que, de alguna manera, me dio cierta luz para abandonar un sistema que me impusieron a base de chantajes emocionales una serie de personajes que manejaban un culto/secta a su antojo, apropiándose de un sistema de creencias que les quedaba muy lejano pero que les favorecía para atraerse acólitos y "fieles" que, en la mayoría de los casos eran personas muy vulnerables; quizá como yo mismo por aquel entonces. Yo tuve la suerte y la consciencia de cambiar de rumbo, de dejar aquel sistema tóxico/normativo y buscar aires nuevos. Muchos otros no pudieron dar ese paso.
 ...Y vendrán falsos gurús y falsos profetas...Es un poco eso. Lo negativo no es la creencia, sea cual sea, sino aquellos que se erigen en líderes de algo que desconocen profundamente pero que lo utilizan por y para su beneficio, menospreciando o ignorando el daño -que suponen ´colateral`- que producen a otros.

 La persona más digna de reverencia es uno mismo; la compasión tenemos que prestarla, antes que nada, hacia nosotros mismos. Una vez nos hemos entendido y aceptado, podremos extendernos hacia los demás. Sólo siendo enteros por nosotros mismos podemos dar algún servicio a otros. 
 Es un camino arduo el que nos espera a cada momento. El sabernos completos va a ser casi imposible pero, por lo menos, hay que empezar el trabajo. Y empezamos siempre por nosotros mismos, pues somos las primeras víctimas irresueltas de un sistema viciado y lleno de errores. 
 Lo fácil es aleccionar a otros, dentro de este sistema vacío, y entregarnos a la vanidad y el reconocimiento que este mismo sistema nos da (finalmente, entendemos que no nos da nada gratis; siempre pide un precio muy elevado: los pactos en sus diversas formas y nombres). 
 El camino propio se abre si empezamos el trabajo. Y luego, entendemos lo caminado, por absurdo pero también por necesario...El camino propio implica sufrimiento; el sufrimiento del cambio. Vale la pena para dejar de ser rebaño.


 


templanza y referentes...

La mayoría de nosotros hemos llegado a este mundo sin auténticos ´referentes` que nos enseñen y nos acompañen en el Camino. Algunos afortunados sí los han tenido, pero son una minoría.
Desesperanzados, incomprendidos, hundidos -a veces- , añoramos "algo" que sentimos que no hemos tenido o que nos han arrebatado. A consecuencia de esto, luchamos contra gigantes ("lucha de gigantes", que cantaba Antonio Vega), hasta que, por un azar o alguna situación no buscada expresamente, "despertamos" y nos "damos cuenta" de quienes somos; nos abrimos a nuestro Ser y dejamos de culpar a los demás por todo lo que nos ha sucedido. Entonces, sabemos claramente que nadie ha sido el catalizador de nuestras angustias y daños sino, más bien, nos damos cuenta de que hemos sido nosotros mismos. El cambio que trae esta toma de consciencia, al hacernos adultos de golpe, nos trae la certeza de que aquellos a los que hemos culpado desde siempre (familiares "incluidísimos", por descontado) no tenían ni tienen la entidad ni la capacidad de dañarnos. Si bien lo han podido hacer -digamos- física y/o emocionalmente, esto ha sido fruto del "equipaje" que llevamos al nacer.
Me viene a la memoria, hablando de nacimientos, lo que me dijo una compañera una vez: nosotros no hemos pedido nacer en este tiempo y circunstancia... Quizá seamos invitados forzosos -y forzados- a devenir en este mundo. No lo sé; pero su frase me hizo pensar bastante.
 Acudo a lo que dice el monje A.S.B. (al que conocí en Tailandia y que siento un referente enorme en mi propio proceso de vida actual):
"El drama de nuestra infancia necesita reconciliación (...) Llegamos a la "escena" llenos de errores que necesitan ser rectificados. Si pudiéramos comprender la razón de nuestro nacimiento, aquí y ahora, comprenderíamos que hemos llegado con una mochila llena con nuestro karma previo, y ya -como por defecto- "desintonizados" con la naturaleza (...) Hemos sido, hasta este momento, fundamentalmente una "creatura" llena de errores previos.(...) Por eso -continua-, tenemos mucho que hacer, mucho que perdonar, mucho que reconocer...

¿Y cómo empezamos a trabajar? Perdonando. Esta es la clave. Siento que es a través del necesario perdón hacia nosotros mismos, por el que todo lo demás se puede conseguir sin proponérnoslo. El perdón "cataliza" todas las fuerzas de nuestra psique (todos los méritos y capacidades escondidos) y logra -poco a poco- el equilibrio emocional que buscamos.
El ganar respeto, compasión y perdón hacia nosotros mismos nos modifica totalmente el prisma negativo del que hablaba al principio. Llegamos dañados al mundo -como dije- y podemos cambiar nuestra historia personal hacia cierto equilibrio, si reconocemos todo lo que no hemos hecho al respecto; es decir, entender que somos los únicos responsables de lo que nos ha sucedido. Es muy duro reconocerlo, lo sé; yo mismo intento aplicarme en ello diariamente. A veces consigo cierto equilibrio, otras veces, me vuelve a vencer el resentimiento y siento que fracaso. Lo decisivo siento que es saber que estamos en el camino de la transformación personal; en el camino de la mutación, que representa un cambio mucho más radical y decisivo.
Actuando de este manera nos vamos "templando" como una espada de acero. La vida nos "curte", seguramente. Nos quedarán las cicatrices que nadie podrá quitar. Serán las muescas que nos recordarán el fragor de las batallas.
Nos hacemos a nosotros mismos, pues no hemos tenido ayudas exteriores en el momento decisivo y vital en el cual las hubiéramos agradecido, esto es, es nuestra infancia. No hemos tenido mentores ni tutores emocionalmente preparados, pero hemos sobrevivido. Recordamos que no hay culpables y que somos guerreros auténticos. Siento que bien vale la pena celebrarlo...
                                

martes

´Atención plena`...

Nos tenemos que prestar atención absoluta y no dar nada por sentado ni asentido. No quiero decir con esta frase, que tengamos que estar constantemente alerta, pero casi...
 Estar "alerta" podría formar parte del entrenamiento militar -así me lo dijo, de primera mano, mi amigo el General J.C.A.-, y también del entrenamiento espiritual que se lleve a cabo. Quizá, el constante mantenerse alerta, podría asemejarse al concepto shamánico del arte del acecho (para ampliar este tema les remitiría a las obras de Carlos Castaneda, Las Enseñanzas de Don Juan).
 Es interesante que, en nuestras relaciones no demos nada por sentado. Si ampliamos nuestra capacidad a intentar prestar atención absoluta a todo nuestro alrededor, a todas las interacciones en las que participamos, se nos "abrirá la consciencia" poco a poco. No es un trabajo fácil, pero es de capital importancia que lo "intentemos" (una vez más, remito al trabajo de Castaneda, en sus Enseñanzas de Don Juan, acerca del concepto del "intento").
 También comenta, en un sentido muy parecido, el prestarnos atención absoluta, el monje Ajahn Sumano en , por lo menos, dos de sus libros publicados, y en diversos pasajes de los mismos. 
 Dos campos de conocimiento sólo aparentemente distantes: shamanismo mexicano y budismo theravada. Los dos nos dan una clave central de comportamiento personal: la atención plena. 
 Cualquier comportamiento relacional que nos parezca trivial o banal, y que esté dentro de nuestra vida de cada día (profesional, familiar, emocional, laboral, etc), si logramos aplicar esta facultad de retentiva -o atentiva- en ellos, lograremos ver unos matices que, hasta este momento, siempre nos pasaron inadvertidos; y es que lo cotidiano nos ciega y nos acomoda a tal grado  que no logramos "ver" lo que realmente se esconde detrás de esas conductas que atendemos como "normales".
 Deberíamos fijarnos bien en cada "instantánea" o en cada "fotograma mental" que aparezca en cualquier instante de nuestra comunicación con los demás. Cualquier gesto, cualquier ademán, cualquier mirada, cualquier cambio de postura repentina, incluso cualquier cambio de tonalidad en la voz...A todo este "teatro" será aplicable nuestra atención plena. Debemos mantenerla sin forzarnos en absoluto, simplemente dejándonos llevar por esa concentración suave; de otro modo, el forzarnos sería contraproducente y no lograríamos más que ofuscarnos y gastar energía. No es un trabajo sencillo, pero si nos aplicamos a él, lograremos de manera paulatina ese "cambio" que nos llevará a poder observar detalles y matices nuevos que antes ignorábamos. Nos daremos posible cuenta de que, ante la reacción "normal" de la persona con la que estemos interactuando, hay dos o más reacciones veladas -que están atrás- y que esta persona no declara pero sí que guarda en sí misma; es decir, que quizá esté reaccionando de manera falsa -o no auténtica, no sincera-, y esconda el que sea su 
verdadero sentir, su verdadero pensar...Por todo esto debemos estar permanentemente alerta.
 Nuestro adiestramiento en este arte es importante para no crearnos expectativas falsas y poder contemplar todo lo que se esconde; todo lo no dicho, todo lo que es "verdadero" y que no se nos dice a las claras. 
 No tenemos que tomar toda esta información que se nos esconde como negativa o positiva, sino como algo que no se manifiesta en este momento, pero que es probable que suceda, y muy a contrario e lo que se nos ha dicho verbalmente. En este sentido, no nos llevaremos sorpresas ni nos alteraremos demasiado por posibles decepciones o cambios de rumbo que sucedan; sería un poco como curarnos en salud por lo que pueda pasar. 
 Toda esta estrategia no se consigue de hoy para mañana; se requiere constancia, voluntad y entrenamiento; pero vale la pena. Nuestra vida se enriquece al abarcar posibilidades que otros no ven ni cuestionan, pero nosotros sí. Por eso jugaremos con ventaja. No se trata de ser esquivos ni fríos, al contrario; en el ejercicio propuesto se alcanzan grados de compasión y tolerancia que surgen casi por sí solos. Se es más tolerante con uno mismo, más dúctil y menos rígido, y así más comprensivo con los demás. No se trata de tener un grado más que otros, sino de comprender la vida con más "campo", con más abertura. Al final, es el crecimiento personal, el cambio buscado y la mutación psicológica -y hasta espiritual- que puede producirse; y eso es personal, no nos lo puede enseñar nadie; sólo contamos con nosotros mismos...
                                                   





´Compensaciones`...

Las compensaciones son las necesidades de los mediocres...Que nadie se de por aludido. Hablo y escribo "monologueando", esto es, para mí mismo.

Nos pasamos la vida "compensando" lo que nos sale mal, lo que reprimimos, lo que tenemos bloqueado en el subconsciente.
La "compensación" se ha vuelto una ciencia, más que un arte. Aunque quizá podría decir que también es un arte: el arte de la compensación - al igual que Noguchi titulaba uno de sus escritos como "El arte de enfermarnos".
 Lo que sucede es que la compensación no la preparamos de antemano sino que surge espontáneamente, pues tal es nuestra destreza aprehendida.
Nos pasamos la vida "ajustándonos", que viene a ser lo mismo que "compensar". Todo ajuste y toda compensación nos recrea en una esencia robotizada que no es la nuestra, sino que es postiza (en este punto, me viene a la memoria lo que solía decir una antigua amiga mía, que le gustaba diferenciar entre amigos verdaderos y amigos "postizos" o sea, la gente "burda" no allegada a ella).
 Un problema físico o mental requiere de una compensación para tratar de equilibrar "lo que se ha perdido", es decir, el equilibrio, la normalidad. La compensación -o el ajuste- a veces es tan sutil que no nos damos cuenta que lo hemos hecho "en automático". Y vamos al médico o al terapeuta que sea para curarnos; para que un elemento exterior, con su destreza o sapiencia, nos alivie la dolencia y nos de un diagnóstico, ignorando que en alguna parte de nuestra psique o de nuestro cuerpo físico ya ha ocurrido algún cambio que no hemos percibido. 
Muchas veces, el acudir a una persona exterior a nosotros para que nos solucione nuestro problema, lo que hace es agravarlo o dejarlo como estaba. En estos dos casos, no han sabido ver nuestra dolencia ni, mucho menos, el reajuste compensatorio que ya se ha producido.
 "Flex and flow", flexión y flujo es todo lo que hacemos -como decía el monje Ajahn Sumano en una charla que escuché antes de que se borrara de internet. Flex and flow sería algo muy semejante a la "compensación" de la que hablo. Nuestra vida es un flex and flow continuado; nuestra vida de vigilia y la onírica. Compensamos y ajustamos despiertos y dormidos, continuamente (continua- mente).
 
 ¿Cuándo dejamos de "compensar-nos"? Cuando nos abrimos a la creatividad absoluta. Y esa apertura significa que empezamos nuestra "mutación esencial" como entes autónomos. Aquí empieza el cambio verdadero recuperando la esencia primigenia e inmaculada que nos "ayudaron" a borrar. No es un camino fácil, pero es el único que nos devuelve la libertad perdida o sustraída. Es en este punto del "viaje" donde entendemos que una compensación puede ser hasta necesaria para nuestra evolución. Al principio, "compensábamos" por ignorancia; al final, "compensamos" con conocimiento, hasta que dejamos definitivamente de "compensar", porque entendemos que ya no lo necesitamos. Es todo un proceso. El único, pienso...
                                       


 

domingo

Sueño repetitivo: "espacios vitales"...

 No escapemos de nuestros sueños que se repiten. La repetición es una señal de que tenemos que prestar atención a lo soñado.

Me encuentro en una cancha de tenis (yo practiqué este deporte durante años). Me veo usando una raqueta vieja de madera, descatalogada y anacrónica. Me dan unas pelotas que no son tales, sino mandarinas blandas o -en otro sueño análogo- pelotitas chiquitas de colores, que no son aptas para el juego.
Observo que la cancha, lejos de ser una pista abierta y grande, está llena de artefactos que impiden el juego y, a su vez, que me impiden moverme normalmente e incluso pegarle a la pelota -precisamente por falta de espacio-. No puedo alargar los brazos tampoco, me resulta imposible por la molestia de tantas cosas adentro de la cancha, sobre todo muebles de madera colocados absurdamente para imposibilitar el juego y la extensión de mi propio cuerpo físico. 
 Todo me parece absurdo. Me enojo mucho e intento apartar los muebles para poder tener "cancha abierta y libre" para moverme! (sin querer, ya descifré un posible significado del sueño. Así son las cosas cuando nos "abrimos" a la interpretación sin miedo al error; pues no hay errores posibles, sino múltiples interpretaciones que nos sirven mucho y que pueden "des-hacer" incluso alguna neurosis formada gracias a esta compulsiva repetición onírica).
 Observo también que mis contrincantes son personas que parecen "acomodarse" a la situación; es más, la encentran como normal y no les molesta en absoluto. Esa puede ser otra de las claves interpretativas: él -el otro- se siente bien, no tiene ningún problema -digamos- de "espacio", y por más muebles que estén colocados adentro de la cancha. 
El "estorbado". el enojado e incluso el angustiado, soy yo y no el otro. El otro está bien, no tiene problema alguno, acepta "el mobiliario" que a mi me estorba. El otro se expresa a su manera pero yo no puedo. En mi caso, necesito urgentemente más "espacio vital" para expresar y extender mi físico. Queda claro -a través de repeticiones del mismo sueño- que no lo consigo.
 Traslademos el sueño -el inconsciente- a mi vida consciente: Sigo necesitando "espacio vital" para expresarme normalmente. Sabiendo esto, simplemente llevando este mensaje interpretado a mi consciente cotidiano y "vigílico", pudiera ser que se "cancelara" la neurosis de años y, de este modo, que el mismo sueño dejara de repetirse, se suavizara con otros mensajes o bien que desapareciera por completo.

Consulta -siempre imaginada- con C.G.Jung:

La cancha de tenis, era un espacio crucial en tu vida adolescente, digamos, sin rubor, en tu vida "anterior", porque eres consciente de que has cambiado de vida (y de hábitos), pero hay una parte de ti que se resiste a ese cambio. Muy probablemente, fruto de tu propia interpretación -que no de la mía-, experimentarás la "cancelación"  del sueño o bien, - si se repitiera el mismo-, un posible cambio en sus elementos.
 La cancha de tenis puede también significar tu vida entera con sus desplazamientos, sus idas y venidas, representando un trayecto vital lleno de obstáculos que dificultan la "movilidad" física y la libre expresión corporal y también mental. No eres tú mismo, no ejerces de "ti" porque están los obstáculos (los muebles, en el sueño) que te lo impiden. Tan simple como apartarlos con la mano -como en el sueño- y se logra el espacio vital para la expresión. 
No es un sueño banal puesto que ha favorecido el desarrollo de una neurosis. La toma de consciencia de ello podría llevar a un desbloqueo y un mejoramiento vital a todos los niveles.
 Cabrían hacer más trabajo con elementos no analizados, tales como las pelotas "inadecuadas" para el juego o las raquetas viejas usadas en el mismo. De todos modos, grosso modo, pudieran asimilarse también con dificultades de adaptación a tu propio nivel de "ser"; un nivel nuevo que no se acepta del todo, todavía...

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Nota. leo, por casualidad, en un libro del maestro Katsumi Mamine (q.e.p.d.), unas palabras: estrechamiento vital, referido al conflicto entre el consciente y el subconsciente, y a la no aceptación de la integración entre ambos campos mentales. 

 Gracias!
                                        







martes

El gran ´problema`...

(Rescatado -y luego desglosado- de mi bloc de notas del teléfono).

 El gran problema es no hacer lo que quieres hacer porque sabes que los demás no lo hacen ni locos; y eso traumatiza. La gran palabra es: Atreverse.

 El ´atrevimiento` es ser consciente de tu propia naturaleza; es ser consciente de quien eres.  La prohibición de ser quienes somos verdaderamente: "no puedo hacer esto" porque no es "acorde" a las "normas", no es un comportamiento "normal";  mejor aparento ser como ellos, mejor que me vean que soy "normativo" como todos los demás...
 La vida que muchos hemos llevado ha estado  marcada por un "pushing" constante, por un caminar y actuar de acuerdo con una presión que atenazaba. El clan familiar, los ancestros, una vez más; sus dictámenes cuasi religiosos sobre lo que está bien y lo que está mal, las constantes ponderaciones y opiniones "doctas" de algunos miembros del clan que se sienten empoderados por no sé qué autoridad divina para encaminarnos por un sendero que, en todo caso, es acorde con sus propias vidas dependientes y carentes de creatividad y autonomía, pero no con las nuestras. 
 Romper con este " pushing" es tan sencillo como reconocerlo y sentirlo; no evadirlo. A muchos nos ha marcado la vida. Los que ya tenemos bastantes años lo llevamos en registros de memorias atascadas, encriptadas en nuestra psique. Si hemos llegado hasta aquí, es que reconocemos las neurosis que nos ha "proporcionado" esta situación. 
 El punto a seguir tiene que ser el de la no tolerancia, pero acompañado por la compasión hacia nosotros mismos. 
La compasión rompe la tolerancia. Cuando esto sucede, surge inevitablemente la creatividad propia que nos lleva al "atrevimiento" de indagar quienes somos realmente y cual ha sido el "yo" que han bloqueado, castrado, cercenado y manipulado. Cuando llegamos a este reconocimiento puede ser que nos apiademos de nosotros mismos y nos demos cuenta del tiempo que hemos perdido intentando "confortar" a quienes nos han querido moldear a su gusto y necesidad. Es parte de la vida. Como decía un amigo mío, hace mucho tiempo: "cuando ya has reconocido el "chantaje ancestral", es el momento de coger el teléfono y empezar a despedirse de muchos. El tiempo hará el resto del trabajo...