jueves

Los ´parásitos` y su mundo...



Hay poca gente que tenga una vida propia; que sienta que su vida le es propia. Lo más cómodo, justamente para "sentirse vivos", es "colgarse" de las historias ajenas para, así, vivir y sobrevivir en el mundo.
Son personas a las que se les ha negado una identidad. Personas que se han condenado a sí mismas -las más de las veces-, por su preferencia al gregarismo sin complejos y a la autocomplacencia trivial y fácil. 
 Son personas que sufren mucho por causas diversas, la principal podría ser por el hecho de no ser valoradas ni "vistas" por su familia.
 El siempre dichoso árbol genealógico es el encargado de marcar muestra existencia a todos los extremos; lo sabemos ya bien. La persona que llamo "parásita" es simplemente una víctima de este sistema ancestral. Ha sido "entrenada" por el sistema cerrado familiar para no tener iniciativa propia ni criterios propios. De esta manera, obedeciendo los dictados de sus generaciones previas, se conforma con su vida y actúa sin pensar en que podría modificarla, en caso de tomar consciencia de que no es sólo un triste peón que sigue las normas de sus mayores (estén estos, muertos o vivos). 

 La mayoría de clanes familiares actúan siempre por estímulos y respuestas; no hay apenas lugar para la creatividad ni la libre expresión (salvo en casos de familias muy abiertas y libres, que son muy minoritarias). Por eso son caldos de cultivo perfecto para la creación- y procreación- de individuos "parásitos". Nadie tiene culpa de nada, recordémoslo; es el sistema y su rueda dentada la que va tejiendo el camino. Si no surge un individuo capaz de darse cuenta de tal desastre, esta vida normativa y monótona continuará "sine die", hasta que llegue una generación donde alguien despierte, tome consciencia y decida cambiar las cosas. 
 Por tanto, a la espera siempre de los individuos creativos, de las ovejas negras, muchos siguen su paso vivencial siendo "parásitos" de las vidas de otros; vidas que les parecen muy atractivas precisamente porque ven en otros algo raro: que tienen una vida y unas iniciativas que se salen del sistema creado por las familias "normales". Por eso se afanan en querer saberlo todo de esos otros, hasta el extremos insano de "no dejar vivir" a ese otro. De alguna manera, es como si se alimentaran de la vida ajena, en una forma morbosa de "vampirismo" que puede llegar a ser muy preocupante (el llamado "vampirismo energético" quizá sea objeto de otro artículo, sobre todo, por su complejidad y ramificaciones). 
 
 La persona "parásita" es "vampira" en cierto sentido, y aunque ella no lo sepa o no lo acepte, en la mayoría de casos. 
 La clave es entender cómo separar nuestra vida de esos "ataques" que pueden ser constantes, y a todos los niveles, tanto personales como cibernéticos. 
 Hay que ser claros en nuestras respuestas hacia ellos; intentar ser educados, pero directos. Tratar de sugerir a estos "parásitos" que se miren hacia adentro de ellos mismos y se reflejen en su propio drama: no tienen vida propia y obedecen estructuras familiares que les coartan y les enferman. Así, con el tiempo, intentar apoyarles -siempre que te pidan ayuda bajo una forma noble y no "camuflada"-. Si esta estrategia es exitosa, la persona "parásita" se dará cuenta de su drama interno y cambiará poco a poco su estilo de vida. Y lo más importante: dejará de molestar y querer ser parte de tu propia vida; se alejará, probablemente...

 Nadie es mejor que nadie. Todos somos víctimas de nuestros ancestros y sus viejas normas tóxicas. Lo que cuenta es transgredirlas y ser creativos. Así rompemos todo intento para parasitar vidas ajenas y nos hacemos cargo de la propia. Así somos quienes somos y a costa de los que quieren que seamos a su imagen y semejanza. 
 No nos dejemos llevar por la corriente fácil de "ocuparnos" de otras vidas, y busquemos nuestro propio "alimento" limpio y sano. No nos alimentemos con circunstancias y seres ajenos. Ante esta tentación, seamos nobles y tomemos conciencia de que el cambio es radical y está en nosotros. Nuestro físico y nuestra mente nos lo agradecerán. Y también los demás, que no se verán presa fácil de unas ansias "fagocitadoras" extrañas. 

 En estos tiempos degenerados en los que vivimos, aprendamos a protegernos del "parásito externo", que está en todas partes: televisión, radio, prensa, publicidad, etc. 
 El parásito actuará en grupo mediático o bien en solitario; cualquier método le es útil para atacar y someter bajo normas e informaciones tóxicas que, prometiendo grandes resultados y creando expectativas, nunca se cumplen. Seamos claros y optemos por la creatividad sin finalidad. Nadie regala nada, ni en el mundo que ya empiezan a llamar "Metaverso". 
 Investiguemos y veamos con visión limpia lo que sucede. Mantengámonos en vida simple y cada vez se crearán más momentos prístinos donde estaremos a salvo de parasitajes y visiones turbias y erróneas. Mantengamos nuestro "Centro" en perfectas condiciones. 

                                          




viernes

Sácalo todo, no te quedes nada...



Sácalo todo afuera, no te quedes con nada que sea "procesable". Lo "procesable" es lo que se tiene que "recapitular".
¿Qué es "recapitular"?...
 Piensa en tu historia personal, en el bagaje que has llevado; en tus asuntos turbios. Piensa en la familia: sin ella, ¿Quién eres? ¿Estarías dispuesto a echar al cubo de la basura todo lo que has sido? ¿toda tu historia?...
 Sé paciente pero no te complazcas en ti mismo. No te juzgues, simplemente "enumera", recuerda, pasa lista, "recapitula". Es eso...
 
Deja que tu imaginación divague por sí sola; no le costará nada hacerlo. Lo ha hecho siempre. Suelta las riendas que le pones y te será más fácil. 
Tu mente se irá a episodios guardados, escondidos, reprimidos. Episodios que duelen y, por eso, no han sido reconocidos. Aborda esos recuerdos y no los juzgues. Al hacerlo, te dolerá todo. Tendrás asco, miedo, angustia, temor, odio, ira...Deja que vengan estas sensaciones libremente. Contémplalas. Eso sigue siendo "recapitulación". 
No te sabotees en nada. Recapitula...
 Si sigues trabajando en ello, llegará un  momento -no planeado- en que verás todo como si fueran las dos caras de una moneda: amor y odio. O te entregas o te bloqueas.
 
No es así; ¿Cómo puedo creer en estas cursilerías? Soy un "yo" bien formado y llevo un sustrato familiar conmigo. Llevo todo un legado y una formación que "debo" respetar. Si no lo hago, no soy nada, desaparezco. Pierdo "mi " sentido. 
 Se trata de eso, precisamente. Vámonos a contracorriente, aunque sea sólo por unos momentos. ¿Qué sucede si vamos a contracorriente? Que nos liberamos de lo que hemos "sido". La montaña egoica propia se derrumba. Nos quedamos en nada. Nos convertimos en puro esqueleto; y ese esqueleto se pulveriza y desaparece. Nos convertimos en polvo.
Si enfrentamos esta sensación y logramos soportarla un rato, cambiamos de rumbo; conseguimos ir "a contracorriente". Y en eso consiste la liberación y la mutación. 

 Esta mañana me ha sucedido algo (y fue por "algo"):  
 Quería sacar el coche de mi garaje pero no pude. Había una camioneta estacionada delante de "mi" puerta que me impedía sacarlo. Esperé quince minutos hasta que su dueño llegó.
 - Perdón- me dijo-. 
 - Fueron quince minutos! - le replico yo, enojado-. 
 Aquella persona baja la cabeza, no me dice nada más, y se marcha.  
  Esta conversación ocurrió en "modo normal" o "modo egoico". Yo estaba enfadado y quería amonestar al conductor que me impedía salir. Quería que se diera cuenta de que "yo" estaba enormemente ofendido y cabreado. 
 Bien. Lo logré; objetivo cumplido. En un par de minutos logré "recapitular" el incidente:
¿Quién es el "yo" que se enoja con odio y por qué? ¿Quién es "culpable" de qué cosa? 
 Cierro los ojos y me abandono. Llegan recuerdos de infancia; broncas, malos tratos, avisos, órdenes...y una frase clave: - Tienes que llegar a las cuatro. Tardaste quince minutos!
Eres un gandul! -me dice mi padre...

 Bien. Recapitulación realizada. Estoy en el presente. Me perdono por haber actuado basándome en recuerdos infantiles. Pido perdón al señor que me obstruía la salida (se lo pido mentalmente, pues ya se ha marchado). Me conecto con mi esencia. Dejo que mi ego se desvanezca -no ofrece resistencia-. Agradezco la lección y la experiencia. 
 Sácalo todo! No te quedes nada. No eres nada...Y lo eres todo. No me volverá a pasar. Y si pasa de nuevo, lo acepto y lo reconozco con mayor rapidez, hasta que ya no haya espacio ni tiempo entre otra "afrenta" y su "recapitulación". 

 

 

lunes

Cuando "pesa" la familia...



Uno cumple años, y la familia sigue "pesando"...
Tiéndete en el suelo, coloca una mano en tu bajo vientre y otra en el plexo cardíaco. Invoca a quien quieras de tu familia, estén vivos o muertos. Respira tranquila y profundamente, sin forzar nada. A poder ser, exhala por la boca, inspirando por la nariz. No te incomodes, simplemente siente tu presencia en el suelo.
Cierra los ojos, algo sucederá tarde o temprano. Se presentará alguna visión, algún sentimiento, alguna sensación pesada o extraña, quizá doliente. No la evites, deja que se manifieste, pues va a terminar esfumándose o agotándose. A la sensación puede que le siga un mensaje, una invitación a hacer algo, una palabra, un ruego...un nombre quizá.
Sigue la "comedia", no la cortes. Es importante permanecer respirando tranquilamente. El trabajo se terminará cuando lo sientas sin ninguna duda. No hay tiempo que se marque. Precisamente el tiempo desaparece cuando estamos inmersos en este "teatro", pues entramos en una dimensión donde todo tiende a compensarse y a arreglarse, prescindiendo de barreras espacio-temporales. 

Entrar en contacto con los ancestros, con la familia, de manera consciente y profunda, implica siempre una supresión de las barreras temporales.
Insisto que la tendencia "universal" siempre tiende a que los errores, frustraciones, traumas sufridos de cualquier tipo, incluso las muertes no naturales, como los suicidios, asesinatos, accidentes "extraños", muertes prematuras, etc, se corrijan de manera correcta. 
 Nosotros no podemos determinar el resultado de nada, no podemos corregir nada de lo acontecido. Es la tendencia "universal" la que se encargará, en su justa medida, de tal "acto"; y éste será siempre el adecuado para nosotros, en tiempo y lugar perfecto, precisamente porque no existe el tiempo. 

Estemos atentos a los mensajes que recibamos. El trabajo concluye cuando lo sintamos terminado efectivamente. Los efectos del mismo, se desarrollarán en el tiempo, tardando lo que sea adecuado para nosotros, según lo que ocurriera en nuestro pasado. 
 Podemos continuar cuando nos sintamos de nuevo preparados, pudiendo reanudar el mismo trabajo o bien empezando otro, si así lo sentimos.
 Se trata de "soltar lastres" sufridos que ya no nos pertenecen pero que quedaron incrustados en alguna memoria antigua. Trabajando de este modo, abrimos la memoria con la llave correcta y la desactivamos.

Nuestros ancestros no son más que memorias que han quedado enquistadas en nuestro inconsciente. Estas memorias ancestrales -cuando es necesario algún proceso correctivo- "pugnan" por salir y nos lo van indicando a lo largo de nuestra vida a través de señales: visiones, sueños, enfermedades, dolores diversos, presentimientos, etc. Estos "indicadores" son los que nos dicen que algún proceso correctivo es necesario que se haga. 
 
No hay malas acciones, ni acciones virtuosas. Todo tiende a la "compensación" para "arreglar" nuestra vida. Cuando no haya vida actual, no habrá ya que compensar nada. En todo caso, es muy probable que continuemos en vidas posteriores por si quedó algo no solucionado que requiera "solucionarse" a futuro y bajo circunstancias diferentes. Este ejemplo está muy fuera de nuestro alcance vivencial, por eso es necesario dejar fluir los procesos para que -por ellos mismos- se "arreglen" a su tiempo debido.

Somos una unidad perfecta con el "tiempo sin tiempo ancestral", y por eso nuestra herencia es ser perfectos, en tiempo perfecto. 
Lo que corrijamos con este trabajo redunda también en beneficio de nuestra familia, de nuestro árbol genealógico. Somos uno con todos ellos, con todo Él...






 

 




Lo simple y lo efectivo en "terapia"...

He de decir, en primer lugar, que no me gusta la palabra "terapia". La encuentro demasiado normativa y global y, por eso mismo, profundamente errónea (todo el mundo "da" terapia, todos recomiendan tal y cual terapia; todos nos encomendamos a este cajón de sastre/ DEsastre, y nos perdemos en lo "vacío").
Lo valioso, lo ético, lo próximo, es interaccionar con otros. Nadie se sube a ningún pedestal para "enfrentar" a un posible consultante. Quizá también por eso odio* profundamente las mesas que separan al terapeuta y al paciente (ambas palabras las sustituiría por "informante" y "consultante". Y en otras situaciones temporales futuras, podrían intercambiarse estos roles; podrían intercambiarse las posiciones y, el supuesto informante pasar a rol de consultante, y viceversa. Así no se marcan fronteras personales ni distancias; así intentamos suprimir los egos mutuos, que es cosa nada sencilla). 

Nota: puse un asterisco a la palabra "odio". Bien, así me salió. Prometo interrogarme a mi mismo el por qué de esta sensación escrita. Tiene, sin duda, una raíz profunda en mi. Quizá por eso estoy escribiendo este blog, para que salga mucha basura mental...No somos nadie.
 
Intento retomar el hilo para no perderme. Quiero hablar de lo simple y lo efectivo. 
La raíz de nuestros bloqueos se encuentra escondida muy adentro, en una especie de cofre consagrado que nadie -ni nosotros mismos- podemos abrir. Este cofre -visualmente- se halla en el diafragma, en el estómago, o en el tercer chakra, si quieren nombrarlo así. En esta región anatómica se somatizan muchos bloqueos. Es necesario, entonces, encontrar la combinación de este cofre/caja fuerte y abrirlo. ¿Cómo se accede a él? Por la vía de lo simple y de lo efectivo, o viceversa. Tenemos que ser directos y evitar los rodeos mentales, las estratagemas que el consultante va a querer mostrarnos, precisamente para evitar que accedamos al camino correcto de lo que sería el descubrimiento de su "desnudez", de su verdadero "yo". 
Nos sentimos vulnerables si nos descubren quienes somos realmente. Perdemos nuestras corazas y nuestras defensas que tantos años nos ha costado fabricar y poder, así, camuflarnos en ellas (y es que a veces, usamos distintas corazas para muchas situaciones diversas. Podríamos decir que tenemos un menú de corazas para cualquier situación que debamos enfrentar).
Y nos sentimos indefensos y vulnerables porque no nos han "visto" cuando éramos niños. La familia -siempre la familia-, la sociedad en toda su extensión, toda nuestra vida sucesiva y lineal, ha procurado que nuestro molde sea a su imagen y semejanza, y así "obligarnos" a enmascarar -en el mejor de los casos- o a castrar nuestra verdadera personalidad -lo cual es absolutamente traumático, en lo psíquico y en lo físico-.
Los que no hemos sido "vistos" en nuestra infancia tenemos la necesidad de que nos "vean" a toda costa. De esta manera "compensamos" aquel trauma pasado lo mejor que podemos e intentamos ir "equilibrando" nuestra vida para poder estar a flote; para que nuestras neurosis sean lo más livianas o llevaderas posibles.

Es necesario -como decía antes- ir directo a "lo que afecta" al consultante. ¿Qué es lo que afecta? Lo que uno siente profundamente, nada más ni nada menos. Evitar las respuestas "analizantes", turbadoras, compuestas, farragosas, etc. Y lo que uno siente es muy sencillo, lo que sucede es que, para evitar "vernos vulnerables", intentaremos siempre perdernos en frases complejas y en análisis de situaciones que no muestren la "sencilla" verdad de lo que sentimos internamente. 
¿Cómo te sientes "ahora"? Exprésalo. No me interesa tu vida ni tus relaciones cotidianas; habla de cómo te sientes y de qué sientes...Odio, pena, tristeza, miedo, rabia...Esos sentimientos primarios sí interesan. Y de aquí vamos saliendo poco a poco, vamos hallando las posibles combinaciones del cofre que guarda "lo esencial" -la Quintaesencia de uno mismo-. Y con el tiempo -a veces, en poquísimo tiempo- damos con la combinación perfecta, el cofre se abre y podemos "mutar esencialmente", y hallamos el camino del cambio verdadero.

Al César lo que es del César : Justamente hoy, antes de escribir este artículo, vi una sesión del doctor Gabor Mate, en la que enfocaba precisamente "lo simple y lo efectivo". Posiblemente él me haya inspirado lo escrito. Dejo el enlace (en inglés). Vale la pena. Ejemplifica perfectamente cómo "conducir" un encuentro y cómo el consultante (mal llamado paciente) intenta bajo cualquier circunstancia evitar que el doctor "abra el cofre"...











martes

Caminar entre ´dos aguas`...

Recuerdo el sueño vivamente. Caminaba por un puente/plataforma de madera, bastante estrecho, por en medio del mar. 
El agua estaba limpia, calmada, quieta. Sin embargo, no me atrevía a abandonar la plataforma; "debía" seguir por ella precisamente, para no caerme al agua. 
El sueño fue corto pero muy explícito.

Interpretación -siempre imaginada- de C.G.Jung: 

Caminas seguro. Tienes la sensación de tenerlo todo bajo tu control. La plataforma es de madera, es estrecha. La madera, sin embargo, se puedo mojar, se puede humedecer; no es un material fuerte, es algo que, con el tiempo, se desvanecerá, o se desmoronará en el agua misma; en el agua del mar, del océano. Por tanto, la plataforma/pasaje, sólo es segura en su apariencia y por el tiempo -limitado- en que la uses. Este "tiempo" limitado  es tu seguridad personal, el yo "normativo" y lleno del miedo propio a quebrantar la vida que llamamos "normal". 
El pasaje/plataforma es estrecho, lo que puede indicar que lo "seguro" de uno mismo es, precisamente, muy estrecho, no es basto, no abarca demasiado espacio. Esto puede ser un síntoma de que "lo ignoto" a uno mismo se sabe enorme, gigantesco; que es terreno (o mar, como en el sueño) por explorar. Y por eso da miedo abandonar la plataforma de madera -que aparece como territorio "seguro"-. 
La plataforma también es recta, lineal, y pudiera parecer infinita en su "rectitud", en su "linealidad". La vida de la persona normal "debe" ser recta...Esto es lo que nuestros ancestros nos han legado: la santa regla de que uno debe andar siempre recto, sin atreverse ni siquiera a bosquejar qué puede haber -ya no más allá-, sino a los lados -izquierdo y derecho- del "camino" que recorremos.
El recto pensar y el recto camino; conceptos que remontan a la iglesia y a la familia; a la sociedad y a sus comportamientos superficiales y "exentos de peligros".
En cambio, vista la situación, el resultado es el opuesto. Existe la tendencia clara a abandonar el puentecito de madera pero contrapuesto -por necesidad social- a la fuerte y enraizada "norma" que "obliga" a no abandonarlo. Se contrapone, en el sueño, el deseo -que no es normativo- y la norma impuesta: lo trivial y acostumbrado y la creatividad que no está explorada. 
 Por otro lado, el mar se observa extremadamente calmado, en el caso de tu sueño. Ambos lados -separados por el puente- están quietos. Esto lo podríamos asemejar con un posible lado activo y el otro receptivo: lo "activo" del padre y lo "receptivo" de la madre. Todo está en harmonía, no hay olas ni movimiento, todo está calmado. Podríamos hacer un símil con la carta de La Templanza, en el Tarot de Marsella; el equilibrio entre dos aguas. También coincidiría bastante la carta de "La Estrella", como movimiento vertebrador y equilibrador del "agua".
El elemento "agua" como lo permeable, lo ignorado, lo atrayente, contrapuesto, una vez más, al miedo ancestral que produce la violación de toda norma impuesta. La aceptación de los resultados como falsamente "seguros" contra la experiencia de adentrarse -y bucear- a "lo ignoto", a todo lo creativo e imprevisible que da vida nueva al "soñante"...

Ejercicio posible: 
a modo de ´performance`o acto personal, actuar el sueño a la "realidad": Imaginarse -o construir, si se puede-, el pasaje estrecho de madera, actuar caminando por él, y abandonarlo a un lado y/o a otro, para caminar o sumergirse a ambos lados del agua. Experimentar las imágenes y sensaciones que lleguen...Probablemente será un inicio de cambio y un final de la resistencia personal -impuesta por los ancestros y la familia, no lo olvidemos- a todo lo normativo tóxico y generacional.












sábado

Ante una situación nueva que no tiene referencias...Travesía propia.



La tarea que empezaron estos cabrones a urdir, fue hace mucho tiempo; quizá casi inmemorial. ¿Cuál fue tal tarea encomendada? La anulación de la persona individual; la necesaria castración del individuo como ¨criatura/creatura creativa". Y esta tarea viene culminada en estos tiempos degenerados, con la imposición de una especie de yugo al que llaman "sanitario".
Lo que cuenta es el rebaño "sano" mediante la imposición de medidas llamadas "sociales y de bien común". Con esta premisa -que se inventan ellos- , se dan el permiso de violar y cercenar todas las iniciativas privadas y personales: el individuo no cuenta. Lo que cuenta es el rebaño y su capacidad para dejar de pensar individualmente (a este punto, me vienen dos cosas a la memoria que, en mi caso, todavía, sigue siendo inmediata: los alienígenas Borg, de la serie Star Trek; aquellos que querían anular la personalidad individual en aras del "bien de grupo", y una frase que repetían a modo de chiste, los jefes de una empresa en la que trabajé hace años: - a ti no te pagan para pensar...)

La estrategia les está funcionando muy bien, pero han tropezado con un elemento imprevisto que se les puede manifestar en su contra: la situación que ellos han creado, no tiene ninguna referencia. Y con este hecho no contaban. Esta "indeterminación" la sufrimos todos; los creadores de la misma y nosotros, los que ellos llaman rebaño.
Ante esta situación sin precedente conocido, cualquier "mordedura" puede actuar en cualquier dirección: la cobra está preparada para morder indiscriminadamente. Y -ya digo-, con eso no contaban y están asustados. 
Han destapado la caja de Pandora y su experimento les puede salir mal. Queriendo anular consciencias individuales ha surgido un efecto contrario: algunos individuos están pensando y proponiendo estrategias -con pruebas empíricas, no sólo con ideas- que actúan como "oxidante" del Plan Maligno. 
Están rabiosos y dando coletazos a diestra y siniestra (y quizá esta frase sea literal, es decir, que quizá tengan cola muy visible cuando se quitan el disfraz humano). Se dicen entre ellos: ¿Qué hemos hecho mal? ¿Por qué no previmos esta consecuencia? Tenemos que crear más confusión, más caos; y rápidamente. Tenemos que inventarnos más "variantes" (ya me entienden), tenemos que desestabilizarlos mucho más. 
Pues bien; en este punto estamos. Han creado -sin querer queriendo- un ejército resistente que actúa físicamente y "on line".
 Me asalta nuevamente la memoria (no intervenida, de momento, como quisieran ellos), y "re-veo" mentalmente una secuencia de la película Blade Runner, en la que Nexus reclama "respuestas" ante la "Corporación". Pues bien, esa escena podría convertirse en real, cuando el ejército resistente reclame sus "respuestas" ante la "real Corporación de mandatarios mundiales". Y tendrán miedo, les asaltará el pánico, que ya empiezan a tener porque la demanda de "respuestas" ya ha empezado...

 La situación que afrontamos no tiene referencias. Por tanto, la travesía ha de ser nueva forzosamente. No tenemos referentes ni ejemplos; ni nosotros ni tampoco ellos, los que se denominan poderosos.
Veremos qué es lo que se viene. Veremos qué sigue...En su corral global hay alguna rendija; alguna puerta no bien cerrada. Han tenido un fallo no esperado; un "fallo del sistema" (como se decía en Matrix,1999). No todo está perdido...

Mateo 10:16,22
Mirad, yo os envío como ovejas en medio de lobos; por tanto, sed astutos como las serpientes e inocentes como las palomas.…

    
                                                 Preguntas...Queremos Respuestas...

lunes

El "censor" que llevamos dentro...


La norma social y la censura que nos auto-infligimos nos dominan la vida. Sólo a través de una toma de consciencia oportuna podemos salvar este escollo.
Las tomas de consciencia no las podemos preparar, desafortunadamente; llegan a su manera y sin aviso. Esto es buena noticia porque, si nos asalta la toma de consciencia es señal de que estamos cambiando, de que estamos haciendo un buen trabajo, aunque a veces, sea un trabajo en un "segundo plano", o sea, nada visible superficialmente.
Lo cotidiano nos arrastra y nos domina y actuamos como borregos sin pensar en lo que estamos haciendo. Actuamos por inercia, y esto es muy triste. La paradoja de este "actuar" es que tampoco percibimos que vamos remando con la corriente que se nos marca. Nos abandonamos sin saberlo al movimiento normativo cotidiano, que está marcado por lo que ya sabemos: la familia, el empleo que tengamos, las parejas respectivas, los hijos, las conveniencias sociales, etc. Somos arrastrados por ese marasmo trivial y ni cuenta nos damos que se nos va la vida, literalmente
Actuando de este modo, tampoco concebim
os el tiempo que transcurre en su "esencia", puramente. No tenemos concepto ni consciencia de "tiempo que transcurre". No podemos ver el tiempo desde "afuera"; no concebimos el tiempo como una unidad que está afuera de nosotros mismos. 

Somos un individuo arrastrado por lo cotidiano, que muchas veces es insulso y repetitivo, pero que lo aceptamos como es. No somos conscientes del vacío existencial que nos lleva. Vivimos diariamente sin observar lo que estamos "viviendo".
En este deambular cotidiano es donde actúa la figura del "censor": un idea social modelada para que reprimamos toda la posible creatividad de que disponemos, pero que está latente, sin función.
Podemos decir que la corriente cotidiana de nuestra vida lleva un censor propio que nos hemos fabricado nosotros mismos, con el objetivo de que no nos permita salirnos del autocontrol social normativo.

Quién aplaude a este censor? La familia, la sociedad y los individuos "conformados".
Si bien es cierto que el censor nos lo hemos fabricado nosotros, de manera indirecta nos lo han transmitido estos tres agentes mencionados antes.
La familia, los ancestros (una vez más los ancestros "queridos") son la clave y el tótem al que debemos nuestro comportamiento acorde a su norma marcada y a los que "ofrecemos" en sacrificio nuestra autocensura (auto/castración, se podría decir también). De este modo nos pueden contemplar ellos (los vivos y también los muertos) como elementos "dignos" de pertenencia al clan. 
Se decía antiguamente si uno era devoto y temeroso de Dios, pues de igual manera se podría decir: ¿Eres respetuoso con el clan y te "autocensuras" (auto/reprimes) a cada momento de *debilidad mental?...

*(la "debilidad" mental la entiendo en este contexto, como espoleta o alarma que le indica a uno que necesita y/o puede salirse de la norma establecida. El resultado de ello será, casi seguro, la represión, la censura de su "frivolidad". Las consecuencias, a la corta y a la larga, de la censura constante de esas "debilidades" pueden resultar en malestares emocionales y físicos, lógicamente).

Así tenemos a este censor incorporado en nuestra vida, en nuestro "disco duro". Y así actuamos, sin pensar en cambiar, sin pensar ni remotamente en "mutar". Así vivimos conformes y auto/conformes con el rol que nos han marcado y que aceptamos como "normal". 
 Gracias al trabajo interior de autodescubrimiento (el que sea que emprendamos) nos podremos dar cuenta de esa rémora que llevamos pegada. El "darse cuenta" de esto surgirá -como decía antes- de manera espontánea. Aparecerá un "darnos cuenta" mágico que nos llevará a un "unlock", a un desbloqueo de nuestra condición gregaria y sumisa. Será un auténtico despertar emocional, pero sólo será el comienzo del trabajo. Quedará mucho por recorrer, abrazaremos el tiempo de manera natural -porque lo veremos por primera vez como algo exterior a nuestra disposición-, y nos sentiremos absolutamente libres para la actuación diaria, y como seres "autónomos" y libres. El censor que nos acompañaba siempre, se habrá desintegrado de manera natural. El precio a pagar -eso sí- será muy caro: es muy probable que empecemos a despedirnos de los "factores" que nos han dominado la vida: la familia (o parte de ella), el trabajo que hacíamos (si podemos permitirnos ese cambio), algunos - o quizá todos- amigos, las tediosas y repetitivas costumbres sociales, etc. 
Lo siento, este es el precio. Creo que lo podemos pagar gustosos si ello significa vivir en libertad y de manera autónoma. 
Como decía alguien que no recuerdo: si actuamos así, de manera libre, los *muertos también nos lo agradecerán...


*muertos. me refiero a los muertos de nuestra familia, de nuestro árbol genealógico. De alguna manera, aunque estuvieron también sometidos a su censor particular, son dignos de verse liberados. De manera "mágica" les aseguro que se liberan (en otro momento, quizá, lo explique más claramente, ya que hablar de los "muertos" de nuestro clan familiar, requiere un capítulo a parte y un trabajo emocional y físico por parte de cada uno).

Saravá!



sábado

De búsquedas incesantes...

  Recuerdo mis primeras visitas a siquiatras (le quito la ´p`de psi, copiando al mexicano César Tort, erudito en estos temas), allá por mis 16 o 17 años.

Uno, eterno solitario, incomprendido, rodeado de frialdad perpetua, pues "busca razón" de su estado, creyéndose que él mismo "está mal" y que los demás -en el zoológico de la vida- son los cuerdos, los que están bien.
 Regresando al hilo perdido, recuerdo que me hallo en los barrios altos de Barcelona, donde tenía la consulta un afamado siquiatra infantil (a pesar de su título: "psiquiatría infantil", como lo había visto bastante por la televisión, pensé que sería persona idónea para ayudarme, aunque yo ya rebasara dichas edades).
Fui solo a la consulta, nadie de mi familia lo supo ni lo sabrá -a estas alturas, jamás-. Me movía, en asuntos y búsquedas personales, siempre solo, sin complicidades -no las tuve casi nunca-.
Lo que me impactó sobremanera fue la foto gigante del doctor siquiatra en el recibidor de la consulta: una foto a blanco y negro, de unos cuatro metros por cuatro, donde posaba muy sonriente, rodeado de niños y abrazando a algunos. Aquella foto me recordó, casi al instante, a algún cazador de elefantes rodeado por sus recientes trofeos...No sé, no me cuadraba aquel retrato inmenso en la consulta de un médico. Lo vi como algo grandilocuente, fuera de toda norma servicial, sanitaria y acogedora. No me gustó, en una palabra.
Me dan paso al despacho del famoso doctor y me siento y lo observo. Él, casi en ningún momento levantó su vista para mirarme, limitándose a escribir como un poseso sobre un cuaderno (me pregunté y me sigo preguntando -ahora que rememoro la experiencia-, qué cojones estaba escribiendo aquel buen señor médico con tanta afición, y casi sin descanso).
Me preguntó mi edad, me comentó que aún siendo yo adolescente, podría tratarme de algún modo, pero que su especialidad eran niños más pequeños. También me preguntó si en mi casa me llamaban por mi nombre de pila o por algún "mote" inventado! Me quedé atónito ante tan "competente" pregunta y le dije que usara mi nombre normal.
Le comenté algo de mis síntomas: episodios depresivos, alternándose con ansiedad y cabeza embotada. El doctor seguía escribiendo incesantemente sin levantar su cabeza para mirarme ni siquiera unos segundos. Esta actitud me molestó y fui perdiendo confianza con aquel señor (si es que en algún momento la tuve, que creo que no).
Al terminar mi relato sintomatológico, no se le ocurrió otra cosa que recetarme un jarabe de hierbas -un combinado de varias plantas, creo recordar-, y que podría comprarlo al salir, en la farmacia junto a su consultorio.
Me pidió el nombre de mi médico de cabecera pero, como no recuerdo haber tenido ninguno nunca, pues me inventé uno.
Mi gran error -ya perdida cualquier mínima empatía con aquel afamado doctor-, fue darle el número de teléfono de mi casa. 
Creo recordar que, antes de salir de aquel simulacro de consulta, me dijo que a los quince días regresara (después de la toma del jarabe "milagroso", supuse).
Es fácil imaginar que me olvidé de aquel médico casi al instante en que crucé la puerta de salida, no sin antes pasar nuevamente delante de la gigantesca foto en blanco y negro.

 A los veinte días recibí una llamada de su secretaria, en la que me decía que por qué no había solicitado cita nuevamente. No le respondí nada, simplemente colgué el teléfono, sin más. No supe como reaccionar en aquel momento. Ya no hubo una segunda llamada, para mi suerte...
 Aquel famoso doctor fue una de las primeras decepciones que tuve en mi búsqueda de ayuda sincera y uno de los primeros "gurús" que cayeron del pedestal (o de mi pedestal imaginado). La historia siguió, "afortunadamente", porque me permitió descorrer muchos "velos" y romper a trizas muchos mitos "sicológico-sanitarios"...

Nota: por curiosidad, acabo de buscar el nombre del afamado siquiatra del relato y veo que ya falleció. Razón de más para no dar nombres. 

  


jueves

Rumbos propios...

 Cambia de dirección cuantas veces quieras...

Esta frase se la oigo decir a Alejandro Jodorowsky hasta la saciedad. Y se lo agradezco siempre. Muchas veces le agradecí su trabajo personalmente, en París y en Barcelona.
Jodorowsky ha sido inspiración personal muchas veces y en momentos críticos para un servidor.
 Comprender enseñanzas de quien las puede dar para luego integrarlas y seguir el propio camino hasta saber prescindir de maestros (se dice -y se ora- en Budismo: tomo refugio, más que todo, en mi precioso Gurú, para siempre. ¿Y dónde queda el gurú? En nuestro propio interior, intuyo).
Las identificaciones, las categorías, las formas, las normas -las putas normas de siempre- nos abrazan y nos constriñen (como haría una boa constrictor); nos ahogan y nos marcan el rumbo. 
Yo soy tal cosa, tengo tal título, tal maestría, actúo como tal (debo actuar como tal, porque si no, no soy nadie). Y así, ahogamos nuestra necesidad de cambio, nuestra vocación, nuestros impulsos, amarrados a un papel concreto en esta comedia. Y nos prohibimos cambiar so pena de que nos miren mal o no nos entiendan. Y así hasta el infinito (es un decir).

Cambia de dirección cuantas veces quieras...Y no lo comprendemos. Nos da miedo solo con pensar en ello. Pensamos que no debemos estar abiertos a "excentricidades", porque asociamos un cambio personal a una excentricidad. No hablo aquí de cambios "chiquitos", sino de cambio personal, en nuestra estructura, en nuestro tuétano. Eso es un cambio verdadero; lo demás son parches para quedarnos igual, para quedarnos conformes con las normas.
Tenemos pánico de muerte a cambiar de dirección. Nos imaginamos que, si lo hacemos, nos borramos en la nada; dejamos de "ser" sin comprender que, dejando de "ser" empezamos a "Ser", verdaderamente. ¿Cómo se consigue esta plenitud que tanto tememos? Cambiando de rumbo tantas veces como sea necesario.
El cambio provoca otros cambios y así, sucesivamente. El caos al que tememos sucumbir, acaba creando orden. El cambio provoca orden (mental y físico). 
Un psicoterapeuta mexicano, hace años, me decía: -Si estás en caos, échale caos y te ordenas mentalmente... A eso le tenemos miedo atávico (el miedo y la imposición creada por nuestros ancestros; por nuestros ancestros "ordenados").
 El cambio de rumbo, si lo sentimos y logramos hacerlo, nos añadirá frescura a nuestra vida. Nos hará ver que todo es inmediato y fugaz, que nada permanece. Y eso es la clave de la vivencia propia. Seamos un cambio de rumbo perpetuo. Así se minimizará hasta desaparecer nuestra sensación -absurda- de ser "alguien inmóvil y pronosticado", o como decía Juan Matus, en los libros de Castaneda: así no nos amarrarán los pensamientos ajenos...
Hacer magia es cambiar de rumbo cada vez que lo sintamos. Lo aburrido, lo "pronosticado", lo predecible y lo vulgar es estancarse en ser -una sola vez- por siempre, en aquello que dictaron los otros para nosotros. No hay nada más triste que esto. 

Vamos a cambiar de rumbo, soltando nuestras "etiquetas" (a este respecto: Manual de Psicomagia, Jodorowsky, 2009), y provocando la "angustia" de los demás al no saber "etiquetarnos"; no hay nada más placentero que eso. Esos "demás" se acostumbrarán con el tiempo a "no vernos" y nosotros nos sentiremos -quizá por primera vez- libres y auténticos.
 Cuando sintamos caos, echémonos encima más caos...y nos "ordenamos".

                                    
Nuestros demonios internos reclaman el "cambio"...

                                  
Esencia...





La Muerte como compañera...

Saber morir es saber vivir, y viceversa. 
Recuerdo cuando un amigo de México, licenciado en Física por la UNAM, me dijo que ya había quemado todas sus titulaciones universitarias; todos sus curriculums de vida. Ya no le quedaba casi nada, prácticamente ya no tenía pertenencias absurdas. 
Decidir despojarse de cosas materiales es un buen inicio cuando te ha "tocado" la presencia de la Muerte. El "toque" de la Muerte -cual si fuera un absurdo "toque" de facebook- es decisivo y espontáneo. Te "toca", así, de súbito, simplemente. Te dice: -Hey (Güey), aquí estoy; he estado siempre aquí, contigo. Mírame bien, que siempre me has evitado y nunca has querido verme a la cara. Todavía no es tu tiempo, pero llegará. No te preocupes, que cuando estés próximo al "viaje", de alguna manera te avisaré; lo sabrás, de algún modo. Por el momento, me has visto y eso importa. Te has hecho consciente de Mi, y eso te aportará -aunque no lo entiendas ahora-, alegría de vivir. Puedes "incorporarme"/ in (de adentro) corpo (en tu cuerpo). Así, de este modo, te sentirás completo. Y jamás te has sentido completo hasta este momento en que has decidido "verme". 
No soy tan terrible, formo parte de ti. Tampoco tomo posesión de ti, simplemente te acompaño como parte necesaria y como recuerdo diario: tal es el precio por haberme "encarado" firmemente y sin el miedo pueril de todos tus congéneres. Éstos sí están muertos de miedo, porque todavía no han podido verme. Por eso me temen. 
Tu nivel de consciencia te ha permitido vivir el momento sagrado de reconocerme; seas bendito, en este sentido. Tu vida cambiará decisivamente porque me tendrás cada día en el punto de mira y cada acción tuya tendrá un sentido pleno, pues la verás como efímera, cambiante, sin trascendencia, sin importancia. Colmaré de sentido cada actividad que hagas, pues pensarás que puede ser tu última acción en la Tierra, y eso es un acto sublime. Al recordarme, te conviertes en un Ser Completo. No puede existir nada más aparte de esa "complitud". 
La Muerte como compañera. como decían los antiguos shamanes de México. Ahora se comprende bien este vínculo. La Muerte guiando los actos de uno mismo. 
La Muerte como Vida. No se puede pedir nada más...Llegas a la madurez plena; ya era hora!
Hagamos pues una fiesta eterna...


Preliminares a cumplir cuando ya se ha sido "tocado" por la Muerte:
Emular a mi amigo mexicano, es decir, despojarse de todo "lo absurdo material". Que no te limiten tus papeles de vida: escuela, familia, trabajo, etc. 
Este primer preliminar te permitirá -con tiempo- "borrarte emocionalmente". El "borrado" emocional puede bien ser la segunda preliminar. Borrarse uno, le permite acceder "desnudo" a una realidad nueva; una situación donde todo es completo en sí mismo y que, a su vez, todo lo que uno hace, carece de sentido, ya que en el mismo momento de "hacer algo" se "termina". No hay ya conexión entre los actos que se hagan, aunque por un tiempo siga pareciendo que sí existe tal conexión, pues es parte de un bagaje antiguo que se sabe ya muerto.
El borrarse a uno mismo podría representar también el "borrar la historia personal" (aquí me remito a cualquier pasaje de los libros de Carlos Castaneda sobre este tema), 

Cuando se cumplen estos preliminares, uno se siente cada día más rejuvenecido, más completo -ya digo-, más "nuevo" (incluso puede que físicamente rejuvenezca). Tal es el "trato" que se ha hecho con la Muerte. 
No hay hechizos, no hay magias, no hay pactos (los pactos sólo los hacen los ignorantes, los egoicos, los mentirosos, los hipócritas, los arribistas, los simples, los lameculos, los que siempre quieren algo a cambio; es decir, casi todos...)
El vivir plenamente, con este influjo logrado, no tiene precio. Otro amigo querido -que ya no está-, me decía siempre: vivir sin sufrir por banalidades mundanas no tiene precio.
Y uno "embarca" y decide vivir...con la presencia eterna de la Muerte como compañera.

lunes

Las cargas innecesarias -las "cruces" que llevamos-...

Los "mandatos" que llevamos grabados en el subconsciente nos limitan nuestra manera de vivir.
 Antes de escudriñar, de buscar "en profundo" -de profundis-, las causas, podemos mirar a la familia -como casi siempre-, en la línia de los padres principalmente. 
¿Cómo nacimos? ¿Nos sentimos "vistos" en nuestra infancia? ¿Nos prohibieron algo? ¿Nos sentimos protegidos o nos faltó "su"/"nuestra" confianza?...
Todas estas situaciones vividas nos llevan directamente a nuestra actuación ante las circunstancias cotidianas. Las limitaciones impuestas -y auto/impuestas- nos marcan nuestro devenir. 
La "penitencia" que sentimos que debemos cumplir es para ser aceptados, en una aceptación que nunca llegará porque su tiempo ya pasó. El adulto que somos ya no necesita pagar penitencias, y nos cuesta mucho aceptar este hecho (las más de las veces, uno necesita algún tipo de terapia efectiva para librarse de estos "fantasmas culposos"*) * Para aclarar bien este punto referido a la culpa propia -a los fantasmas de uno- remito a las enseñanzas de Alejandro Jodorowsky, cualquieras que sean. Pueden acudir a youtube directamente, o bien a su libro/manual "Metagenealogía", donde de seguro encontrarán respuestas.


Sueño:
Voy caminando, es la hora de comer, pienso que se me hace tarde. Veo lugares de comida, de menú diario, no me parecen caros, pero no me decido por ninguno. Sigo caminando; agarro, no sé bien de dónde, una bolsa de comida grande. Son fideos, en mucha cantidad, y están aceitosos, por lo que me incomoda llevarlos conmigo. A pesar de esto, paseo con la bolsa un buen rato aunque pesa bastante y me resulta incómoda. En un momento de reflexión, decido abandonarla en cualquier lugar; deshacerme de ella; es lo más lógico. Me siento más ligero y libre. No sé porqué tuve que traer ese "peso" tanto rato -pienso-...

Posibles observaciones de CG Jung -siempre imaginadas-.
La comida es un bien necesario. Es una necesidad básica. La acumulación de comida es una idea transmitida por un inconsciente familiar lleno de carencias. Lo lógico es que "imitemos" el comportamiento -y el mandato- que nos han transmitido los ancestros. Hubo un gran sentimiento de "escasez" en la familia, entonces se transmite como un mandato a cumplir y a no quebrantar. Se es "escaso", por tanto se vive siempre a condición de esa "escasez" que, en su día fue real, pero que actualmente, en la situación de uno, es imaginada. Esa "orden" de que no se puede prescindir alegremente de un bien necesario para la supervivencia, le hace a uno seguir la orden impuesta y le impide "abrirse" a otras posibilidades mucho más cómodas y posibles. "Está prohibido" librarse de eso. Queda totalmente prohibida la posibilidad de hacer algo nuevo. Es la "cruz" que llevamos todos. 
Atrás, pero candente, está el mandato de: sufre! te tocó eso. No busques nada más. No te acomodes...Debes vivir así. 
Por generaciones se nos ha "obligado" a seguir esas leyes familiares y siempre bajo el yugo de la "culpa" si las incumplimos o pretendemos quebrantarlas. 
La clave está en aprender a abrirnos a caminos y posibilidades diferentes. En la diversidad de opciones está la lógica y correspondida libertad de acción (precisamente, lo que nos han prohibido ancestralmente). Por eso, si nos atrevemos a romper esa regla, lo vivimos con sentimientos morbosos y dañinos: incomodidad, culpa, desasosiego, malestar, etc. 
En el atreverse está el primer paso hacia la "felicidad" propia y auténtica de cada uno. Somos diversos, no somos "clan" -hay que entender esto bien- (y pienso en la situación actual mundial, donde se nos somete a vivir bajo ese yugo común, un yugo de clan social, y se nos limita la creatividad singular que todos tenemos. Se nos obliga a pensar igual, a vestir igual, y con la gran trampa de que se promueve lo diverso, lo auténtico, pero es una gran mentira, a poco que lo pensemos con cierta pausa).
Atrevámonos a dar el paso de ser "singulares"; de no acumular "cruces" que no son nuestras; más bien pertenecieron a nuestro clan familiar, pero por eso estamos aquí, para romper esas cadenas absurdas y abandonar los sentimientos de culpa tóxica. 
Soy yo, hago libre y actúo. Dejo de acumular y de acarrear "pesos" que no me pertenencen ni los quiero. Me abro a la diversidad de opciones (me abro a los "menús" que veo y escojo sin culpa...)
Si escogemos libertad sin atender a ninguna expectativa, tendremos siempre sorpresas. En esto radica el "juego" de la vida. Dejemos de ser gregarios, dejemos de ser rebaño (¿les suena?...)
















jueves

Dejar las muletas, o la reunión de hormiguitas...

Dejar las muletas.

Uno tiene que usar al barquero para cruzar el lago y llegar a la otra orilla. El uso y el servicio del barquero es bueno, cuando no se sabe todavía caminar solo.
Llega un momento que se prescinde del barquero y se cruza a nado a la otra orilla. ¿Y eso, por qué? Porque se "sabe" que no sirven ya las muletas o los barqueros. La muleta y/ o el barquero tienen su propio pensamiento y su propio discurrir por la vida -eso se desconoce primero, se intuye luego y, al final, se sabe-.
Uno abandona los rituales y todas las ayudas para "solo", nadar hacia la otra orilla. En ese momento te das cuenta de la soledad que te impregna, y que nunca ha dejado de impregnarte; lo que sucedía antes es que no te querías dar cuenta de su compañía y buscabas eso, compañías externas disfrazadas de amigos/amantes/cómplices que anularan o disfrazaran la presencia de la soledad propia. 
Te das cuenta de que ya no te es necesario vivir con referencias dadas o buscadas, aunque el teatro y los actores mundanos sigan con ello constantemente; tal es el nivel de consciencia que impera. 
La soledad del nado consciente te hace ver que ya no necesitas muletas/ayudas. 
Una especie de intuición te hace saber que ya estás enfilando tus últimas etapas (ahora, en este momento en que escribo esto, no es una intuición la que me lo "dice" sino el canto breve de un pájaro que pasa -que viene a ser lo mismo, o sea, un aviso). Y es que uno se vuelve mucho más consciente de estos "avisos" cuando es consciente de que recorre estas etapas finales (en lenguaje ciclista, diríamos que ya se han recorrido muchos puertos de montaña y se ve la meta, aunque todavía lejana). 

 Cuando se han dejado las muletas, cuando ya no se "paga" a los barqueros/gurús/maestros para que le crucen a uno por el lago, todavía quedan reminiscencias de regresar a lo andado. Por eso cae uno todavía, ante algún canto de sirena que le parece majestuoso y decisivo, aún cuando forma parte del camino ya andado.
(En relación a esto último, un buen amigo antiguo me diría que son algunos "flash backs" molestosos que regresan a la mente, fruto de toda una historia recorrida; son pequeñas impregnaciones o recuerdos sobreros que ya no tienen mucho poder, pero que siguen molestando -siguen jodiendo un poco-).
Si te dejas enturbiar por alguno de esos "cantos" puede que retrocedas y caigas otra vez preso del "encanto" de algún "barquero" excelso y reputado que te haga pensar que -quizá- necesites todavía de alguna muleta olvidada. 
Y caes en la trampa, y retrocedes y te embelesas con el canto, pero lo haces con la consciencia mucho más trabajada, lo haces con muchas más armas, con armas más afiladas, con mucha "sharp mind" -que algún budista dijo-, aunque no te lo creas conscientemente. 
Digamos que vas mucho más preparado para "luchar" con el canto de sirena que te ha atrapado de nuevo. 

La reunión de hormiguitas.
Y te vas un día a un encuentro con un reputado maestro/gurú (barquero) que sabes que será excepcional porque no vive cerca; entonces hay que aprovechar la oportunidad "única". 
Y llegas un poco tarde -porque así fue la cosa-, y ves a todo un grupo de "hormiguitas" vestidas de negro riguroso, con la cabeza rapada algunos, y al gran gurú enfrente de todos, comandando un paseo hacia no sé dónde... 
Le preguntas a un "discípulo" por la hora de la sesión y parece que se molesta, que le estorbas el "paso", en fila india, que le haces perder distancia con el gurú -que camina lustroso delante de la comitiva-. 
Y una vez adentro del local, te das cuenta de la "negrura"-en el buen sentido- de todos; todos van de riguroso negro. Y, queriendo pagar el costo de la sesión-, preguntas a otro discípulo encargado del cobro -eso parece-, y también "parece" que se molesta por la pregunta; como que no es el momento adecuado para ser inoportuno. 
Caminas, ves el "negro" entorno y decides sentarte, imitando a todos los congregados. Y observas por primera vez al "maestro" (barquero), de negro y gris, lustroso, grande -enorme-, algo sonriente y sabedor de su "poder". Y tu intuición te dice que "algo" no marcha bien, y a esa sensación le sigue una decepción inmediata, aún sin comenzar la sesión/meditación, aún sin comenzar el "zazen" (digámoslo sin miedo). 
Luego sigue todo, con sus rituales pertinentes (sí, aquellos rituales que uno..  ya sabía olvidados y transcendidos), el porte adusto con gestualidad inexistente de los congregados, los avisos entre ellos de que: -cuidado, hay un intruso entre "nosotros"; seguro que no sabe las "normas". Avisémoslo y amonestémoslo si es necesario, para que sepa dónde está...
Sí. Todo eso te viene como un torrente desbocado en la mente, y luego razonas y exclamas para tus adentros: -Y qué hago aquí, en medio de todas estas hormiguitas bidimensionales sin expresividad ni espontaneidad ninguna?...
Sí. La hormiga reina de gris marengo y negro y las otras hormiguitas discípulas. 
Y finalmente, como está mandado, pagas el evento y te vas mucho antes de que continúe todo el ritual.
¿Y el "elemento extraño"? Se fue...Y también se fue el canto de sirena, al que siguió una gran decepción, pero también una enorme mochila de expectativas absurdas, cargos y rituales que se echaron descansadamente por la borda.
Ya va quedando menos. Suma y sigue...



   








martes

El Tarot como auxiliar...


Es útil tener un elemento exterior de consulta para apoyarse. Siempre me han gustado las cartas -mal llamadas, "adivinatorias"-. El Tarot de Marsella es un elemento franco, simple en su complejidad y muy útil para bosquejar e intuir "lo que sucede".
"Dejar que las cosas sucedan" (esto dice el Tao).
La vida lineal nos trae un "suceder" inevitable. El ir y venir mental no lo aplacamos, precisamente porque somos humanos. Precisamos muchas veces de una visión que no sea la nuestra para complementarla y ponerla en un necesario "segundo plano". A veces, necesitamos ver desde cierta lejanía...
Un apoyo intuido, ni cierto ni falso, simplemente una visión que no es la de un@.
El Tarot, tomado como herramienta, no como videncia, puede ser apropiado para darnos espacio y reflexión..
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lunes

Satoris cotidianos...

 Llego a la tienda. 

-Hola.
_Hola.(me contesta el señor pakistaní encargado)
- ¿Tiene agua mineral en packs de a seis?
- Sí. En el segundo pasillo, arriba de los congelados (me contesta, en un castellano macarrónico).
-Gracias.
Inmediatamente me doy cuenta de que "algo" ha cambiado mi percepción del espacio/ tiempo. Me siento raro. Se borran todos mis condicionamientos como Ego que camina. Desaparezco y permanezco liviano; no sé definir el "momento". Sé que obtengo "algo", pero no sé que es.
Pago la mercancía y me marcho. 
Es ahora, siempre y sencillamente el "momento" cotidiano que ha cobrado dimensionalidad. Siento como si hubiera perdido identidad de mí mismo...

No hay meditación que medie, ni rituales, ni preparaciones cansadas, ni templos, ni imágenes de Buddha; sólo yo (si es que soy alguien) y el señor pakistaní de la tienda (si es que es alguien).
Gassho!

                                                     



martes

Acompañamiento y ayuda...

 Recuerdo que este fue, quizá, el primer libro al que acudí cuando necesité "ayuda" ( a parte del apoyo personal de ciertas -muy pocas- personas). De esto ya hace bastantes años. Posteriormente, el camino propio "se abre" y uno danza, sufre y juega con las circunstancias. Es necesario entregarse del todo al propio proceso. En el camino surgen personas -ya digo-, textos, enseñanzas, sincronías, sucesos, muertes y vidas...

Para estos procesos personales está hecho este blog; para nada más, ni nada menos; para acompañar y para ayudar; para que se "resuene" con algo...Y este "resonar" abre camino. Si yo me ayudo a mi mismo, ayudo al otro, absolutamente, porque se "abren sinergias"...No se pretende nada más. 
Y la meta final es que no hay tal meta. En eso consiste la sagrada mutación...Comprender esto nos puede llevar toda la vida...
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sábado

Inmovilidad...


Por más cosas que hagamos -o que nos parezca que hagamos-, siempre estamos en el mismo "punto". No hay arranque, no hay arribo a ningún lugar. Todo depende de nuestras propias "mareas personales".
Somos el centro en medio de las circunstancias. Estamos metidos -y sometidos- a una danza sagrada que no dominamos porque no somos nosotros quienes danzamos. 
Las crisis personales, los viajes, los movimientos, las idas y venidas cotidianas sin ningún otro sentido que obedecer a las normas que nos imponen (y que nos imponemos).
Somos un "centro" en medio de las circunstancias sujetos -ya digo- a las mareas personales.
Si entendemos y sabemos "diferenciarnos" de la marea personal* -cuando surge-, estamos a salvo. 

* La "marea" personal es todo lo que nos rodea y que nos hace actuar como individuo "socializado", como individuo "sometido" a la normativa establecida (normativa pueril e infantil, claramente; pues nos rigen individuos infantilizados, inmaduros y tóxicos).

 Un amigo mexicano, A.M., cienciólogo "free zone", recuerdo que me dijo una vez: -la clave es lograr "exteriorizarse" (del entorno y de la personalidad egoica, entendí). 
La clave del equilibrio psico-físico sería lograr esa "exteriorización". Se dice fácil...En ello estamos. No hay prisa, no nos movemos ni vamos a ningún lado...