La familia debe permanecer cerrada, acotada, hermética, esa es la mejor medicina para la perpetuación del clan; un clan que se sabe con miedo a todo lo de "afuera". Lo exterior a la familia es peligroso y puede ser dañino, por eso es mejor fortalecer la "oscuridad" tanto mental como física para protegerse (recuerdo con insistencia la manía de mi abuela de cerrar a cal y canto todas las ventanas de la casa cuando llegaba la noche. La misma manía neurótica que heredó mi padre).
Ante este panorama, el niño sufre y se pregunta el por qué de estos comportamientos "autistas", cerrados y siniestros. Se pregunta, en su mente incipiente y en formación, el por qué de esta oscuridad diaria y el por qué "no se dice nada"...
Estos tics neuróticos por parte de padres y abuelos siguen en el tiempo y, lógicamente, dañan la mentalidad del niño, incapaz -por miedo- de preguntar nada ni de plantearse si hay alguna salida sanadora que "estabilice" unos problemas que no son suyos, que pertenecen a otros. Y esa es la segunda clave: los problemas de los otros no son los míos, y me son impuestos por ese miedo ancestral.
La tercera gran clave es tomar la decisión de "ver" el problema -ya de adolescente o de adulto-, de enfrentar lo sucedido y restituir la situación normal. Si se tarda en hacerlo, se creará un problema que resultará obsesivo, esto es, se creará una neurosis.
Aceptando ya la neurosis como creada, no quedará más remedio que la aceptación de la misma. Y es en esa aceptación cuando se empieza a sanar, cuando se restituye la cordura, el balance mental consciente de una situación que ya se reconoce como "de otros".
Queda todo un trabajo por hacer y es de manera individual donde se debe trabajar.
Acabo donde empezó el título del artículo: La obsesión enfermiza de querer saberlo todo procede de la oscuridad recibida por muchos años. Soltemos, soltemos...dejemos ir todo. No procesemos más información, no es necesario. El daño está hecho, y la cura ha llegado...

