jueves

Rumbos propios...

 Cambia de dirección cuantas veces quieras...

Esta frase se la oigo decir a Alejandro Jodorowsky hasta la saciedad. Y se lo agradezco siempre. Muchas veces le agradecí su trabajo personalmente, en París y en Barcelona.
Jodorowsky ha sido inspiración personal muchas veces y en momentos críticos para un servidor.
 Comprender enseñanzas de quien las puede dar para luego integrarlas y seguir el propio camino hasta saber prescindir de maestros (se dice -y se ora- en Budismo: tomo refugio, más que todo, en mi precioso Gurú, para siempre. ¿Y dónde queda el gurú? En nuestro propio interior, intuyo).
Las identificaciones, las categorías, las formas, las normas -las putas normas de siempre- nos abrazan y nos constriñen (como haría una boa constrictor); nos ahogan y nos marcan el rumbo. 
Yo soy tal cosa, tengo tal título, tal maestría, actúo como tal (debo actuar como tal, porque si no, no soy nadie). Y así, ahogamos nuestra necesidad de cambio, nuestra vocación, nuestros impulsos, amarrados a un papel concreto en esta comedia. Y nos prohibimos cambiar so pena de que nos miren mal o no nos entiendan. Y así hasta el infinito (es un decir).

Cambia de dirección cuantas veces quieras...Y no lo comprendemos. Nos da miedo solo con pensar en ello. Pensamos que no debemos estar abiertos a "excentricidades", porque asociamos un cambio personal a una excentricidad. No hablo aquí de cambios "chiquitos", sino de cambio personal, en nuestra estructura, en nuestro tuétano. Eso es un cambio verdadero; lo demás son parches para quedarnos igual, para quedarnos conformes con las normas.
Tenemos pánico de muerte a cambiar de dirección. Nos imaginamos que, si lo hacemos, nos borramos en la nada; dejamos de "ser" sin comprender que, dejando de "ser" empezamos a "Ser", verdaderamente. ¿Cómo se consigue esta plenitud que tanto tememos? Cambiando de rumbo tantas veces como sea necesario.
El cambio provoca otros cambios y así, sucesivamente. El caos al que tememos sucumbir, acaba creando orden. El cambio provoca orden (mental y físico). 
Un psicoterapeuta mexicano, hace años, me decía: -Si estás en caos, échale caos y te ordenas mentalmente... A eso le tenemos miedo atávico (el miedo y la imposición creada por nuestros ancestros; por nuestros ancestros "ordenados").
 El cambio de rumbo, si lo sentimos y logramos hacerlo, nos añadirá frescura a nuestra vida. Nos hará ver que todo es inmediato y fugaz, que nada permanece. Y eso es la clave de la vivencia propia. Seamos un cambio de rumbo perpetuo. Así se minimizará hasta desaparecer nuestra sensación -absurda- de ser "alguien inmóvil y pronosticado", o como decía Juan Matus, en los libros de Castaneda: así no nos amarrarán los pensamientos ajenos...
Hacer magia es cambiar de rumbo cada vez que lo sintamos. Lo aburrido, lo "pronosticado", lo predecible y lo vulgar es estancarse en ser -una sola vez- por siempre, en aquello que dictaron los otros para nosotros. No hay nada más triste que esto. 

Vamos a cambiar de rumbo, soltando nuestras "etiquetas" (a este respecto: Manual de Psicomagia, Jodorowsky, 2009), y provocando la "angustia" de los demás al no saber "etiquetarnos"; no hay nada más placentero que eso. Esos "demás" se acostumbrarán con el tiempo a "no vernos" y nosotros nos sentiremos -quizá por primera vez- libres y auténticos.
 Cuando sintamos caos, echémonos encima más caos...y nos "ordenamos".

                                    
Nuestros demonios internos reclaman el "cambio"...

                                  
Esencia...





La Muerte como compañera...

Saber morir es saber vivir, y viceversa. 
Recuerdo cuando un amigo de México, licenciado en Física por la UNAM, me dijo que ya había quemado todas sus titulaciones universitarias; todos sus curriculums de vida. Ya no le quedaba casi nada, prácticamente ya no tenía pertenencias absurdas. 
Decidir despojarse de cosas materiales es un buen inicio cuando te ha "tocado" la presencia de la Muerte. El "toque" de la Muerte -cual si fuera un absurdo "toque" de facebook- es decisivo y espontáneo. Te "toca", así, de súbito, simplemente. Te dice: -Hey (Güey), aquí estoy; he estado siempre aquí, contigo. Mírame bien, que siempre me has evitado y nunca has querido verme a la cara. Todavía no es tu tiempo, pero llegará. No te preocupes, que cuando estés próximo al "viaje", de alguna manera te avisaré; lo sabrás, de algún modo. Por el momento, me has visto y eso importa. Te has hecho consciente de Mi, y eso te aportará -aunque no lo entiendas ahora-, alegría de vivir. Puedes "incorporarme"/ in (de adentro) corpo (en tu cuerpo). Así, de este modo, te sentirás completo. Y jamás te has sentido completo hasta este momento en que has decidido "verme". 
No soy tan terrible, formo parte de ti. Tampoco tomo posesión de ti, simplemente te acompaño como parte necesaria y como recuerdo diario: tal es el precio por haberme "encarado" firmemente y sin el miedo pueril de todos tus congéneres. Éstos sí están muertos de miedo, porque todavía no han podido verme. Por eso me temen. 
Tu nivel de consciencia te ha permitido vivir el momento sagrado de reconocerme; seas bendito, en este sentido. Tu vida cambiará decisivamente porque me tendrás cada día en el punto de mira y cada acción tuya tendrá un sentido pleno, pues la verás como efímera, cambiante, sin trascendencia, sin importancia. Colmaré de sentido cada actividad que hagas, pues pensarás que puede ser tu última acción en la Tierra, y eso es un acto sublime. Al recordarme, te conviertes en un Ser Completo. No puede existir nada más aparte de esa "complitud". 
La Muerte como compañera. como decían los antiguos shamanes de México. Ahora se comprende bien este vínculo. La Muerte guiando los actos de uno mismo. 
La Muerte como Vida. No se puede pedir nada más...Llegas a la madurez plena; ya era hora!
Hagamos pues una fiesta eterna...


Preliminares a cumplir cuando ya se ha sido "tocado" por la Muerte:
Emular a mi amigo mexicano, es decir, despojarse de todo "lo absurdo material". Que no te limiten tus papeles de vida: escuela, familia, trabajo, etc. 
Este primer preliminar te permitirá -con tiempo- "borrarte emocionalmente". El "borrado" emocional puede bien ser la segunda preliminar. Borrarse uno, le permite acceder "desnudo" a una realidad nueva; una situación donde todo es completo en sí mismo y que, a su vez, todo lo que uno hace, carece de sentido, ya que en el mismo momento de "hacer algo" se "termina". No hay ya conexión entre los actos que se hagan, aunque por un tiempo siga pareciendo que sí existe tal conexión, pues es parte de un bagaje antiguo que se sabe ya muerto.
El borrarse a uno mismo podría representar también el "borrar la historia personal" (aquí me remito a cualquier pasaje de los libros de Carlos Castaneda sobre este tema), 

Cuando se cumplen estos preliminares, uno se siente cada día más rejuvenecido, más completo -ya digo-, más "nuevo" (incluso puede que físicamente rejuvenezca). Tal es el "trato" que se ha hecho con la Muerte. 
No hay hechizos, no hay magias, no hay pactos (los pactos sólo los hacen los ignorantes, los egoicos, los mentirosos, los hipócritas, los arribistas, los simples, los lameculos, los que siempre quieren algo a cambio; es decir, casi todos...)
El vivir plenamente, con este influjo logrado, no tiene precio. Otro amigo querido -que ya no está-, me decía siempre: vivir sin sufrir por banalidades mundanas no tiene precio.
Y uno "embarca" y decide vivir...con la presencia eterna de la Muerte como compañera.