- Tú no perteneces a esta estructura normal. ¿Por qué te agobias, entonces?
Limítate a la grandeza de ver pasar la vida...¿Hay gozo más sublime que éste?
La misión de cada uno debería ser dejar pasar y dejar hacer.
Se puede "estar", perfectamente, en medio de esta vida estructurada, que obedece sólo al propósito de perdurar en una cadena -clan de vida- que sirve sólo para eso: la perpetuación normal de la actividad social.
Estos "seres sociales" sirven sólo a tal propósito, a nada más. En esta fijación activa se centra y discurre toda su vida. Por eso no se plantean problemas metafísicos ni existenciales; no los necesitan. Tampoco los contemplan, porque están fuera de su alcance consciente. Estos seres pueden sufrir pero siempre lo harán con respecto a sufrimientos "sociales" y bien establecidos. Por tanto, vamos a dejarlos hacer su labor (laissez faire), que no necesitan nada más.
Si uno es consciente de que está fuera de este "espectro" (el espectro de la Consciencia, que diría Ken Wilber), se "cura" y se salva. No es fácil, pero, llegar a este punto de consciencia.
Regocijémonos de las virtudes de los humanos -como se reza en el Budismo Tibetano-. Los seres "sociales" también poseen virtudes.
Hasta que no "arreglemos" -o constelemos, que viene a ser lo mismo-, nuestra propia realidad, no sanaremos.
Reconozco que soy un "no hacedor", debería ser la premisa para el que realmente no lo es...
No le busquemos significaciones esotéricas ni religiosas a este "hecho": simplemente "actuemos" en la consecuencia de lo que somos. Los demás "hacen cosas"; perfecto, así es su trabajo esencial. Nosotros -yo- "no hago cosas" -a la manera normal, por ejemplo-. Bien. Cada quien en su parcela. Y Dios en la de todos.
Disfrutemos "haciendo" favores a los que nos los pidan, siempre que podamos. Tenemos múltiples ocasiones para ello, ya que los demás, cuando se sientan vacíos -dada su absorción en "lo" cotidiano-, nos lo van a pedir...

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