miércoles

templanza y referentes...

La mayoría de nosotros hemos llegado a este mundo sin auténticos ´referentes` que nos enseñen y nos acompañen en el Camino. Algunos afortunados sí los han tenido, pero son una minoría.
Desesperanzados, incomprendidos, hundidos -a veces- , añoramos "algo" que sentimos que no hemos tenido o que nos han arrebatado. A consecuencia de esto, luchamos contra gigantes ("lucha de gigantes", que cantaba Antonio Vega), hasta que, por un azar o alguna situación no buscada expresamente, "despertamos" y nos "damos cuenta" de quienes somos; nos abrimos a nuestro Ser y dejamos de culpar a los demás por todo lo que nos ha sucedido. Entonces, sabemos claramente que nadie ha sido el catalizador de nuestras angustias y daños sino, más bien, nos damos cuenta de que hemos sido nosotros mismos. El cambio que trae esta toma de consciencia, al hacernos adultos de golpe, nos trae la certeza de que aquellos a los que hemos culpado desde siempre (familiares "incluidísimos", por descontado) no tenían ni tienen la entidad ni la capacidad de dañarnos. Si bien lo han podido hacer -digamos- física y/o emocionalmente, esto ha sido fruto del "equipaje" que llevamos al nacer.
Me viene a la memoria, hablando de nacimientos, lo que me dijo una compañera una vez: nosotros no hemos pedido nacer en este tiempo y circunstancia... Quizá seamos invitados forzosos -y forzados- a devenir en este mundo. No lo sé; pero su frase me hizo pensar bastante.
 Acudo a lo que dice el monje A.S.B. (al que conocí en Tailandia y que siento un referente enorme en mi propio proceso de vida actual):
"El drama de nuestra infancia necesita reconciliación (...) Llegamos a la "escena" llenos de errores que necesitan ser rectificados. Si pudiéramos comprender la razón de nuestro nacimiento, aquí y ahora, comprenderíamos que hemos llegado con una mochila llena con nuestro karma previo, y ya -como por defecto- "desintonizados" con la naturaleza (...) Hemos sido, hasta este momento, fundamentalmente una "creatura" llena de errores previos.(...) Por eso -continua-, tenemos mucho que hacer, mucho que perdonar, mucho que reconocer...

¿Y cómo empezamos a trabajar? Perdonando. Esta es la clave. Siento que es a través del necesario perdón hacia nosotros mismos, por el que todo lo demás se puede conseguir sin proponérnoslo. El perdón "cataliza" todas las fuerzas de nuestra psique (todos los méritos y capacidades escondidos) y logra -poco a poco- el equilibrio emocional que buscamos.
El ganar respeto, compasión y perdón hacia nosotros mismos nos modifica totalmente el prisma negativo del que hablaba al principio. Llegamos dañados al mundo -como dije- y podemos cambiar nuestra historia personal hacia cierto equilibrio, si reconocemos todo lo que no hemos hecho al respecto; es decir, entender que somos los únicos responsables de lo que nos ha sucedido. Es muy duro reconocerlo, lo sé; yo mismo intento aplicarme en ello diariamente. A veces consigo cierto equilibrio, otras veces, me vuelve a vencer el resentimiento y siento que fracaso. Lo decisivo siento que es saber que estamos en el camino de la transformación personal; en el camino de la mutación, que representa un cambio mucho más radical y decisivo.
Actuando de este manera nos vamos "templando" como una espada de acero. La vida nos "curte", seguramente. Nos quedarán las cicatrices que nadie podrá quitar. Serán las muescas que nos recordarán el fragor de las batallas.
Nos hacemos a nosotros mismos, pues no hemos tenido ayudas exteriores en el momento decisivo y vital en el cual las hubiéramos agradecido, esto es, es nuestra infancia. No hemos tenido mentores ni tutores emocionalmente preparados, pero hemos sobrevivido. Recordamos que no hay culpables y que somos guerreros auténticos. Siento que bien vale la pena celebrarlo...
                                

No hay comentarios:

Publicar un comentario