Hablar de lo que está "prohibido"; hacer lo que sentimos "prohibido" o lo que se nos ha dicho que es "prohibido"...
Nacemos - una vez más el nacimiento es clave-, con todo el bagaje impuesto por nuestra familia acerca de lo que es "factible" y lo que no lo es. Nos ofrecen un "menú" de cosas "nobles" y de otras que "deben" quedarnos al margen. Según estas cartas de presentación, vamos conformando nuestra personalidad con todo lo que nos permiten hacer y con todo lo que quedará como "tabú", como "prohibido" en nuestra alacena mental.
Nacemos inocentes y somos inmediatamente sometidos a unas reglas estúpidas de comportamiento, con una serie de barreras y puertas "emocionalmente" cerradas para nosotros. Por eso, muchos sueños repetitivos se encargarán de mostrarnos este escenario múltiples veces hasta que decidamos o sepamos vencer esos "códigos negros" que no son nuestros sino que nos han sido transmitidos sin nuestro consentimiento.
Cuando existe alguna pulsión urgente por realizar algún acto, es imprescindible que, sin excusas ni resistencias -que actuarán de buen seguro-, nos demos a la realización/consumación de eso que sentimos que queremos hacer. Sólo de esta manera, venceremos la carga "prohibitiva" impuesta y nos liberaremos de nuestra "urgencia". Es muy posible que, después de consumar el acto que fuere, nos liberemos automáticamente de la estúpida pero férrea sensación de culpa que teníamos antes de realizarlo.
Y así, hasta que acabemos con todo lo que sentimos que nos es "urgente" hacer.
Actuando de esta manera, nos convertimos en adultos auténticos y abandonamos nuestra infancia condicionada por todos aquellos legados normativos tóxicos; por todos aquellos "menús de reglas" que no queremos ni nos han pertenecido jamás.
Accedemos al reino de lo "prohibido" y lo normalizamos; así nos volvemos completos y más íntegros. De este modo vencemos procesos neuróticos atascados en nuestra mente (cuanto más fuerte sea la pulsión que tengamos, si logramos realizarla, más grande será el alivio y nuestro proceso interno de curación).
Obviamente habrá necesidades/pulsiones que, por su extravagancia o gravedad, no nos sea posible llevarlas a cabo. En este supuesto, deberemos "ficcionar" el acto mediante el uso de metáforas e incluso teatralizando lo que queramos hacer.
En ningún caso deberíamos "juzgar" el acto que estamos a punto de realizar, ya que el "juicio" forma parte de la "norma neurótica" que nos fue impuesta y que nos "prohibió", precisamente, realizarlo. Abandonemos todo juicio y toda expectativa. Actuemos con imaginación y con fluidez.
Tenemos que "atrevernos" y actuar sin miedo. De este modo, los bloqueos mentales -muchas veces, a modo de compartimentos estancos cerrados con llave- se abrirán; algunos inmediatamente y otros tardarán un tiempo.
Es muy bueno que, cuando sintamos el acto acabado, hagamos un pequeño ritual a modo de gratificación por nuestro valor (a veces, un simple reconocimiento de "acto concluido" puede ser suficiente).
El miedo y el temor suelen tener su base en lo no hecho, en lo prohibido. Nos queda la opción "adulta" de acabar con nuestros "fantasmas"...
No hay comentarios:
Publicar un comentario