lunes

Pedir "permiso"...

Somos plenamente adultos y todavía nos vemos obligados a "pedir permiso". Pedimos permiso a nuestros familiares casi por todo lo que hacemos; por todo aquello que queremos "emprender" por nosotros mismos (tal es nuestro sentido de pertenencia al clan; tal es el miedo que nos negamos a reconocer por ejercer nuestra individualidad). 
 En el fondo, seguimos siendo niños que precisan del consentimiento de los padres para actuar. Y si los padres ya no están, seguimos pidiendo permiso a cualquier persona o "figura externa" -a la que reconocemos cierta "autoridad"- que se asemeje a nuestros progenitores. Actuando de esta forma, nos sabemos faltos del poder necesario que deberíamos tener como adultos para emprender nuestras decisiones: simplemente "no podemos" actuar sin un permiso externo; nos hemos quedado niños.

 Las normas de nuestro árbol genealógico se basan en estos "permisos concedidos" (a veces, no concedidos) a las generaciones posteriores (de bisabuelos a hijos) para así conformar un sistema de autoridad férrea: si no pides permiso eres una oveja negra, no eres digno de nuestra familia, te comportas "fuera de la norma paterna" o, simplemente, eres un mal hijo y un mal ejemplo.
 Todas estas frases las tenemos grabadas en nuestro inconsciente, aunque no queramos reconocerlo, y surgen espontáneamente (como si fueran una espoleta sacada de una bomba) cuando intentamos hacer algo "por nuestra cuenta y riesgo". Y de esta manera, nos bloqueamos y nos censuramos a nosotros mismos.
 Una marca genuina de "madurez" es dejar de pedir permisos. Si nos damos cuenta de nuestros actos y de nuestra "necesidad" de estos permisos ancestrales, ya estamos en el necesario camino del cambio/mutación, aunque todavía no actuemos libremente, y sin "necesitar" las opiniones y permisos ajenos (que son una metáfora del permiso paterno o materno, como dije antes). 

 El "niño" pide permiso; el "adulto" ya no...Actuemos sin miedo (que paraliza) y nos daremos cuenta que somos perfectamente libres para hacerlo. La paradoja es que, probablemente, a los demás les dará igual cómo actuemos o lo que decidamos hacer. 
Convirtámonos en adultos de una vez (por lo menos, hablo por mi mismo, ya que todavía pedí ciertos "permisos" para hacer algo que me apetecía hacer). El trabajo es duro y tenemos que ser compasivos con nosotros mismos y aceptar que estamos "mutando" poco a poco...
                    

No hay comentarios:

Publicar un comentario