Antes de escudriñar, de buscar "en profundo" -de profundis-, las causas, podemos mirar a la familia -como casi siempre-, en la línia de los padres principalmente.
¿Cómo nacimos? ¿Nos sentimos "vistos" en nuestra infancia? ¿Nos prohibieron algo? ¿Nos sentimos protegidos o nos faltó "su"/"nuestra" confianza?...
Todas estas situaciones vividas nos llevan directamente a nuestra actuación ante las circunstancias cotidianas. Las limitaciones impuestas -y auto/impuestas- nos marcan nuestro devenir.
La "penitencia" que sentimos que debemos cumplir es para ser aceptados, en una aceptación que nunca llegará porque su tiempo ya pasó. El adulto que somos ya no necesita pagar penitencias, y nos cuesta mucho aceptar este hecho (las más de las veces, uno necesita algún tipo de terapia efectiva para librarse de estos "fantasmas culposos"*) * Para aclarar bien este punto referido a la culpa propia -a los fantasmas de uno- remito a las enseñanzas de Alejandro Jodorowsky, cualquieras que sean. Pueden acudir a youtube directamente, o bien a su libro/manual "Metagenealogía", donde de seguro encontrarán respuestas.
Sueño:
Voy caminando, es la hora de comer, pienso que se me hace tarde. Veo lugares de comida, de menú diario, no me parecen caros, pero no me decido por ninguno. Sigo caminando; agarro, no sé bien de dónde, una bolsa de comida grande. Son fideos, en mucha cantidad, y están aceitosos, por lo que me incomoda llevarlos conmigo. A pesar de esto, paseo con la bolsa un buen rato aunque pesa bastante y me resulta incómoda. En un momento de reflexión, decido abandonarla en cualquier lugar; deshacerme de ella; es lo más lógico. Me siento más ligero y libre. No sé porqué tuve que traer ese "peso" tanto rato -pienso-...
Posibles observaciones de CG Jung -siempre imaginadas-.
La comida es un bien necesario. Es una necesidad básica. La acumulación de comida es una idea transmitida por un inconsciente familiar lleno de carencias. Lo lógico es que "imitemos" el comportamiento -y el mandato- que nos han transmitido los ancestros. Hubo un gran sentimiento de "escasez" en la familia, entonces se transmite como un mandato a cumplir y a no quebrantar. Se es "escaso", por tanto se vive siempre a condición de esa "escasez" que, en su día fue real, pero que actualmente, en la situación de uno, es imaginada. Esa "orden" de que no se puede prescindir alegremente de un bien necesario para la supervivencia, le hace a uno seguir la orden impuesta y le impide "abrirse" a otras posibilidades mucho más cómodas y posibles. "Está prohibido" librarse de eso. Queda totalmente prohibida la posibilidad de hacer algo nuevo. Es la "cruz" que llevamos todos.
Atrás, pero candente, está el mandato de: sufre! te tocó eso. No busques nada más. No te acomodes...Debes vivir así.
Por generaciones se nos ha "obligado" a seguir esas leyes familiares y siempre bajo el yugo de la "culpa" si las incumplimos o pretendemos quebrantarlas.
La clave está en aprender a abrirnos a caminos y posibilidades diferentes. En la diversidad de opciones está la lógica y correspondida libertad de acción (precisamente, lo que nos han prohibido ancestralmente). Por eso, si nos atrevemos a romper esa regla, lo vivimos con sentimientos morbosos y dañinos: incomodidad, culpa, desasosiego, malestar, etc.
En el atreverse está el primer paso hacia la "felicidad" propia y auténtica de cada uno. Somos diversos, no somos "clan" -hay que entender esto bien- (y pienso en la situación actual mundial, donde se nos somete a vivir bajo ese yugo común, un yugo de clan social, y se nos limita la creatividad singular que todos tenemos. Se nos obliga a pensar igual, a vestir igual, y con la gran trampa de que se promueve lo diverso, lo auténtico, pero es una gran mentira, a poco que lo pensemos con cierta pausa).
Atrevámonos a dar el paso de ser "singulares"; de no acumular "cruces" que no son nuestras; más bien pertenecieron a nuestro clan familiar, pero por eso estamos aquí, para romper esas cadenas absurdas y abandonar los sentimientos de culpa tóxica.
Soy yo, hago libre y actúo. Dejo de acumular y de acarrear "pesos" que no me pertenencen ni los quiero. Me abro a la diversidad de opciones (me abro a los "menús" que veo y escojo sin culpa...)
Si escogemos libertad sin atender a ninguna expectativa, tendremos siempre sorpresas. En esto radica el "juego" de la vida. Dejemos de ser gregarios, dejemos de ser rebaño (¿les suena?...)


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