Hay poca gente que tenga una vida propia; que sienta que su vida le es propia. Lo más cómodo, justamente para "sentirse vivos", es "colgarse" de las historias ajenas para, así, vivir y sobrevivir en el mundo.
Son personas a las que se les ha negado una identidad. Personas que se han condenado a sí mismas -las más de las veces-, por su preferencia al gregarismo sin complejos y a la autocomplacencia trivial y fácil.
Son personas que sufren mucho por causas diversas, la principal podría ser por el hecho de no ser valoradas ni "vistas" por su familia.
El siempre dichoso árbol genealógico es el encargado de marcar muestra existencia a todos los extremos; lo sabemos ya bien. La persona que llamo "parásita" es simplemente una víctima de este sistema ancestral. Ha sido "entrenada" por el sistema cerrado familiar para no tener iniciativa propia ni criterios propios. De esta manera, obedeciendo los dictados de sus generaciones previas, se conforma con su vida y actúa sin pensar en que podría modificarla, en caso de tomar consciencia de que no es sólo un triste peón que sigue las normas de sus mayores (estén estos, muertos o vivos).
La mayoría de clanes familiares actúan siempre por estímulos y respuestas; no hay apenas lugar para la creatividad ni la libre expresión (salvo en casos de familias muy abiertas y libres, que son muy minoritarias). Por eso son caldos de cultivo perfecto para la creación- y procreación- de individuos "parásitos". Nadie tiene culpa de nada, recordémoslo; es el sistema y su rueda dentada la que va tejiendo el camino. Si no surge un individuo capaz de darse cuenta de tal desastre, esta vida normativa y monótona continuará "sine die", hasta que llegue una generación donde alguien despierte, tome consciencia y decida cambiar las cosas.
Por tanto, a la espera siempre de los individuos creativos, de las ovejas negras, muchos siguen su paso vivencial siendo "parásitos" de las vidas de otros; vidas que les parecen muy atractivas precisamente porque ven en otros algo raro: que tienen una vida y unas iniciativas que se salen del sistema creado por las familias "normales". Por eso se afanan en querer saberlo todo de esos otros, hasta el extremos insano de "no dejar vivir" a ese otro. De alguna manera, es como si se alimentaran de la vida ajena, en una forma morbosa de "vampirismo" que puede llegar a ser muy preocupante (el llamado "vampirismo energético" quizá sea objeto de otro artículo, sobre todo, por su complejidad y ramificaciones).
La persona "parásita" es "vampira" en cierto sentido, y aunque ella no lo sepa o no lo acepte, en la mayoría de casos.
La clave es entender cómo separar nuestra vida de esos "ataques" que pueden ser constantes, y a todos los niveles, tanto personales como cibernéticos.
Hay que ser claros en nuestras respuestas hacia ellos; intentar ser educados, pero directos. Tratar de sugerir a estos "parásitos" que se miren hacia adentro de ellos mismos y se reflejen en su propio drama: no tienen vida propia y obedecen estructuras familiares que les coartan y les enferman. Así, con el tiempo, intentar apoyarles -siempre que te pidan ayuda bajo una forma noble y no "camuflada"-. Si esta estrategia es exitosa, la persona "parásita" se dará cuenta de su drama interno y cambiará poco a poco su estilo de vida. Y lo más importante: dejará de molestar y querer ser parte de tu propia vida; se alejará, probablemente...
Nadie es mejor que nadie. Todos somos víctimas de nuestros ancestros y sus viejas normas tóxicas. Lo que cuenta es transgredirlas y ser creativos. Así rompemos todo intento para parasitar vidas ajenas y nos hacemos cargo de la propia. Así somos quienes somos y a costa de los que quieren que seamos a su imagen y semejanza.
No nos dejemos llevar por la corriente fácil de "ocuparnos" de otras vidas, y busquemos nuestro propio "alimento" limpio y sano. No nos alimentemos con circunstancias y seres ajenos. Ante esta tentación, seamos nobles y tomemos conciencia de que el cambio es radical y está en nosotros. Nuestro físico y nuestra mente nos lo agradecerán. Y también los demás, que no se verán presa fácil de unas ansias "fagocitadoras" extrañas.
En estos tiempos degenerados en los que vivimos, aprendamos a protegernos del "parásito externo", que está en todas partes: televisión, radio, prensa, publicidad, etc.
El parásito actuará en grupo mediático o bien en solitario; cualquier método le es útil para atacar y someter bajo normas e informaciones tóxicas que, prometiendo grandes resultados y creando expectativas, nunca se cumplen. Seamos claros y optemos por la creatividad sin finalidad. Nadie regala nada, ni en el mundo que ya empiezan a llamar "Metaverso".
Investiguemos y veamos con visión limpia lo que sucede. Mantengámonos en vida simple y cada vez se crearán más momentos prístinos donde estaremos a salvo de parasitajes y visiones turbias y erróneas. Mantengamos nuestro "Centro" en perfectas condiciones.



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