viernes

Cambio de nombre...

Si uno desea resurgir de sus cenizas, es porque el "daño" que sobrelleva es demasiado pesado.  Es afortunado un cambio de piel, un cambio de estado, en tal situación. Un entierro también puede ser bien aceptado.
Todo este material "simbólico" ayuda a la necesaria mutación. Enterrarse, dejarse abrazar por la tierra madre, soportarla y "sufrirla", es aceptarla. Buscarse dos almas afines y crear este "acto sacro"; todo forma parte del proceso. Posteriormente a él, es bueno cambiarse el nombre, o el nombre y el apellido, si así se interioriza y se "siente"...Llegar de nuevo a la vida que a uno le pertenece, sin máculas y sin heridas ajenas. Llegar limpio y nuevo, nítido. Aceptarse a una nueva identidad para luego, desidentificarse de ella, puede parecer una paradoja, pero es lo correcto para dejar de darse importancia personal (la importancia personal de la que hablaban Carlos Castaneda y Don Juan).
Así, de este modo, una nace de nuevo, y con una identidad sólo material, a la que no se le da ninguna importancia, aún adaptándola y teniéndola presente. Si le prestamos poca importancia a nuestra nueva identidad, la comunión necesaria con los demás será fluida y cómoda. Al comunicarnos con los demás, sin poseer "esencia", nos "damos" por entero, y así logramos equilibrio personal. El equilibrio personal que se logra tras el ejercicio "macabro" del entierro y cambio de nombre, nos restituye a la verdadera realidad y a nuestra verdadera vocación: sanar y ser sanado. No hay más.
Se pierde el miedo y se pierden las necesidades. Poco a poco uno se encuentra más liviano, más dulce y más "en el mundo, sin estarlo". Tal es esta alquimia beatífica. Y uno se "da". Para recibir hay que empezar dando...Y dando desde la integridad recuperada, se recupera el vínculo sagrado con nuestros ancestros, con nuestra familia. Esa familia trascendida pero presente, es nuestro legado valioso. Lo supimos trascender e integrar. En esa labor, desaparece el daño y todo se reconvierte en bienaventuranza.
Sólo he hablado de generalidades, sabiendo que la tarea es de cada uno. Si se "siente" hay que emprenderla...

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