Pretendemos "acomodar" las respuestas emocionales de otros a nuestros intereses, y para que no nos dañen esas supuestas respuestas de terceros. Y nos cuesta entender que es imposible controlar esta interacción con los demás. A partir de eso surge, casi siempre, la decepción, la desilusión y hasta el daño emotivo y físico (en el caso de que la decepción sufrida se transforme en enfermedad o en síntoma).
Tenemos que aprender a fluir, dejar pasar las cosas (laissez faire); olvidar las reacciones de los demás y no poner expectativas de logro.
Eso sería otro eslabón más en la cadena utópica de "movimiento-cambio-mutación".
Lo ideal sería aprender a transmitir como lo hacían algunas civilizaciones antiguas, y me viene a la memoria visual el ejemplo de algunos glifos mayas: transmisión y aprendizaje verbal...

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