Las tendencias habituales, los jodidos hábitos de antaño que todavía le manejan a uno. Cuando ya se intuye que se ha pasado página de los viejos tics, de las viejas compulsiones, hay que abandonarse a la creación de gestos y de ideas.
El viejo "yo" va desapareciendo, poco a poco. Duele mucho este proceso porque las amarras son muy fuertes y el ego de antaño -que es de ayer- se resiste a morir, a dejar paso al nuevo ser que nace (un ser que siempre ha sido, pero que estaba aletargado).
Actuar sin enjuiciar nada, ni tan solo un leve movimiento. Dejarse ir, dejarse llevar. Abandonar el tiempo o desconocerlo, que es lo mismo. Soltar las cuerdas que ataban a una estructura que fenece.
Muchos son los que todavía andan envueltos en las viejas costumbres, en las amenazas y en los decretos; en las normas, en las putas normas...
Ahora, en tiempos de coronavirus desatado, hay que redoblar el esfuerzo creativo. Actuemos sólo "como si" obedeciéramos la norma caduca y a sus trasnochados líderes pero, en realidad, soltémonos al vacío que asusta en serio. Vayamos emitiendo notas musicales internas, que no nos oigan, pero que nuestro ruido interior sea ensordecedor. Dejémonos habitar por fuerzas regeneradoras y sanadoras, por experiencias cumbre que nos digan el sentido de lo que viene...Tendremos suerte. Seguro.
No hay comentarios:
Publicar un comentario